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martes, 15 de mayo de 2018

Feliz día, mamá?

Cuando me pongo a pensar en la avalancha de deseos azucarados y celebraciones por el día de la madre, mirando todo desde el otro lado del túnel (de la maternidad, no vayan a pensar que ya me morí) por primera vez, no puedo evitar tener emociones e ideas encontradas, confusas, inciertas, desarticuladas. En fin, un estado muy parecido a como me siento todo el tiempo desde la llegada de mi vástago.

Y es que pensando y pensando, no consigo hilar las palabras para textualizar lo complejo de esta empresa de ser mamá. Los niveles de renuncia, de planes dejados de lado, de anhelos que se convierten en islas flotantes en nuestra imaginación. No estoy segura de que valga la pena, les diré.

Desalmada! Como en el día de la madre vas a decir algo semejante? Y si, que les voy a decir. No hay un nivel mayor de renuncia o dificultad que haya conocido en mis 35 años de vida, y sin embargo la paga es escasa o nula. Le miro a ese pequeño que hasta hoy literalmente se alimenta de mi, que apenas es consciente de mi presencia, con los ojos arrasados de lágrimas porque mi pecho no aguanta este amor desconocido y pienso: "todo esto para que se vuelva adolescente y yo me vuelva la vieja chota de la que tiene vergüenza frente a sus amigos, para que madure y comience a apreciarme justo en el momento de enamorarse e irse de mi lado a formar su casa, como se debe. Tanto dar para que el no tenga nunca la menor idea de tanto amor inefable, indecible".

Y si, así será. Así ha sido y cuando no ha sido, no fue bueno. Esto de ser mamá me enseñó más sobre como Dios me ama a mi (y a vos) que todo lo que pude haber vivido antes. La más grande y desigual historia de amor de mi vida. Amor nunca igualado, jamás del todo correspondido, orgullo descomunal por alguien completa y absolutamente común. Amor incomprensible.

Así que feliz día, mamás de todo el planeta. Que no hayas salido huyendo ante la aterradora tarea de sobrevivir cada día a la responsabilidad de mantener vivo y moldear a un humano es razón de más para entender por qué somos la joya de la creación. No existe valor semejante. Probablemente tanto esfuerzo nunca jamás será del todo entendido o reconocido, pero lo más probable es que si lo estás haciendo, no hay nada del mundo por lo que lo cambiarías.  

viernes, 2 de septiembre de 2016

Auxilio!

El día de hoy tuve una de esas experiencias confrontadoras con la muerte que le hacen a uno replantear sus prioridades en la vida y reflexionar sobre cosas tan fundamentales como el corte de pelo definitivo, y demás. Y consideré justo y necesario venir a este mi rincón sagrado y custodio de mis historias para dejarlo disponible ante todo el que quiera leer. 

Resulta que en mi más cercano anillo de amistades, una de ellas es una reconocida empresaria, de muy alto vuelo ella, a quien me referiré únicamente como la arquitecta, con el fin de preservar su identidad del bochorno que vengo a narrar el día de hoy. La arquitecta, muy regia, ocasionalmente me permite acompañarle en sus trámites diarios en calidad de secretaria, ataja cartera, proveedora de comentarios mordaces y cebadora de mate o tereré.

En cada una de estas ocasiones me esfuerzo en verme lo más presentable posible, no vaya a ser que en una de esas andanzas por los círculos de la más alta alcurnia asuncena, me vaya a tropezar con Teresita Codas viendome cual Thalía en María, la del Barrio, arriesgando su desaprobación y avergonzando así a mi distinguida amiga. No me lo perdonaría jamás.

En todo caso, nos encontrábamos esta mañana en una de esas salidas, cuando abandonamos un shopping que se encuentra haciendo remodelaciones. Muy pituca y con mis mejores galas, caminaba yo al lado de mi amiga, e íbamos riéndonos de algo y comentando muy entusiasmadas la actividad del día, cuando al salir del ascensor vemos que la arquitecta había salido un piso antes del subsuelo al que nos dirigíamos. 

Considerando que teníamos que bajar aún un subsuelo más, apretamos el botón, solo para descubrir que los ascensores ya no pararon en nuestro piso. Misterio. Qué hacer? Mi amiga, en cuyas abundantes virtudes no figura la paciencia, me arrastra del codo diciendo "ahí hay un cartel que dice Salida, vamos por las escaleras". Sin ocasión de protestar le seguí, cual cordero rumbo al matadero. Hubiera imaginado que en las películas estas cosas nunca terminan bien.

Frente al cartel de "Salida" había una puerta que daba a las escaleras, que empujamos para encontrarnos en una zona que evidentemente no estaban usando habitualmente, regada de escombros y con un olor a cloaca que marchitaría la nariz del más valiente. Detrás nuestro se cerró la puerta, y procedimos a bajar las escaleras, que con cada escalón se llenaban más y más de escombros, polvo, un líquido de procedencia no identificada, y mi pánico creciente. Y ahí fue que cuando llegamos al piso, en medio de lo que parecería el escenario de una explosión, la arquitecta empuja la puerta de salida, para darse cuenta que..estaba trancada.

Nunca una que reconocería una decisión pobremente tomada, mi amiga revoleó la cartera, pegando saltitos entre los escombros, declarando "estos inútiles trancaron. Vamos de vuelta". Para ese momento un sudor frío comenzó a bajar por mi nuca y el leve pánico de la premonición empezó a tomar control de mi, pero para no quedar como la exagerada, subí detrás dando saltos de bailarina frustrada entre los ladrillos rotos.

Llegamos al lugar donde comenzamos, cuando mi amiga empuja la puerta y...trancada. Estábamos encerradas. Conque así es como iba a llegar mi fin en esta tierra. En las entrañas de un shopping y rodeada de escombros y olor a cloaca. Esto fue demasiado.

Despavorida, claustrofóbica y pasando mi vida delante de mis ojos, sabiendo que la recepción del celular desaparece cuando el techo es de hormigón, estando 20 metros bajo tierra, analizando que no tenía una gota de agua potable conmigo y ni tan siquiera un chicle mentolado para subsistir, me tiré por la puerta, pegando con mis dos puños y gritando a todo pulmón y con toda la fuerza de mi voz: "AUXILIO!!!!!!".

En eso me doy cuenta de que mi amiga está doblada y sacudiéndose. Aterrorizada y pensando que estaba teniendo un colapso nervioso, del miedo, dejo de golpear y le miro. La arquitecta estaba llorando de risa.

Ofendida, me quedé viéndole mientras ella comenzaba a subir otro piso de escaleras, un mar de carcajadas. Yo le seguí, a los gritos, "TODO está trancado, necesitamos que nos rescaten!!!!". Finalmente, llegamos a la nueva puerta y empujamos, hasta que abrió.

Salí a la luz del día tropezando, descreída de tamaña gracia. El mundo tenía otro color. Pero no terminó allí. Volvimos a tomar el ascensor y esta vez llegamos sanas y salvas al vehículo, donde partimos al próximo destino. Así bajamos en un nuevo estacionamiento, donde ví la vidriera de Swarovski, engalanada con su nueva colección de accesorios, y me acerqué a admirar un collar en particular hermoso.

Entusiasmada, llamé a mi amiga a que se acerque también, y embelesada por la joya en particular fui acercando la cabeza a la vidriera, más cerca, más cerca, más cerca...

PUM

Me pegué la cabeza con la vidriera de Swarovski. Yo. Si.

Miré con toda la verguenza, mía y la de las víctimas de su propia torpeza en la humanidad, mientras la vendedora me veía con cara de espanto. Era de esas vendedoras que siempre te hacen sentir que no sos digna de comprarte ni un llavero de la tienda tan elegante que atiende. Era el cúmulo. Decidí fingir demencia.

Me paré lo más derecha posible, con la nariz apuntando al cielo, con el puño para arriba, sosteniendo la cartera en mi codo. Pasé por encima de la arquitecta, que estaba nuevamente doblada, deshecha de risa y entré a la tienda más cercana.

Creo que no seré invitada nuevamente a ser dama de compañía por un buen tiempo. Y creo que mi amiga continúa riéndose, en su casa.



lunes, 30 de mayo de 2016

Gracias a Dios por la mala memoria

Dice don Gabo García Márquez que "La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado". Y pocas veces creo haber encontrado una definición tan exacta para lo que creo que le pasa a mi memoria.

Tengo que confesarles que Dios me bendijo (a veces parece lo opuesto, pero no) con una terrible memoria. Lo curioso de esto, sin embargo, es que aparentemente y luego de muchos años de contemplación, llego a la conclusión de que mi memoria es mala pero de manera selectiva.

Me explico: Hay cosas de las que tengo recuerdos tan vívidos que si cierro los ojos puedo volver a ver tal o cual momento, por muchos años que hayan pasado, pero hay situaciones y circunstancias donde por mucho que me esfuerce solamente me quedo empantanada en los pasillos de mi cabeza, sin poder recordar nada de lo que alguien está rememorando.

Y creo que esta condición mía es una bendición porque viene a ser de extrema utilidad en el matrimonio. Porque de no ser por la mala memoria selectiva, vaya Dios a saber donde estaríamos.

En unos días más el esposo y yo deberíamos cumplir 8 años de casados, saliendo así del séptimo año que según la superstición supone un hastío tal que te hace querer salirte lo antes posible de esta trampa en la que te metiste voluntariamente. Sin embargo, no llegamos a este aniversario sin nuestra cuota de discusiones y encontronazos. 

Reflexionando sobre esto vengo a darme cuenta de que, ni bien tenemos una pelea  yo salgo con el puño levantado a los cielos prometiendo que uno de estos días mando todo al Congo, para 24 hs después pensar que no era tan terrible después de todo, y para días después, tratar de quejarme con mis íntimas amigas y no recordar del todo los detalles de la trifulca que en su momento fue atómica. Pasado un mes no recuerdo el porqué habíamos peleado en un principio.

Por supuesto, la fórmula no es exacta y hay situaciones mucho más extremas que otras. Pero no deja de llamarme la atención. Y no soy indiferente al hecho de que sea mi mala memoria o la de él, ésto muchas veces nos mantuvo en casa cuando una explosión nos quiso hacer correr.

Porque ni siquiera se aplica a las peleas solamente. Me olvido de las cosas que hace que no haría ni bajo electrocución si fuéramos novios. Me olvido de los tropiezos de la rutina y de los hábitos que le salen cuando no sabe que le estoy viendo. Me olvido de las tristezas y me acuerdo más y más brillantemente de las alegrías.

Hey, hasta me olvido de cosas que no tienen nada que ver con mi matrimonio. Me pasa con todo aquello que supone un recuerdo no enteramente grato. Ahora, cuando paso por una circunstancia que me generó mucha angustia o dolor, o tristeza, me quedo tranquila porque sé que es una cuestión de tiempo (normalmente, corto) para que esa situación y las personas involucradas no sean más que una evocación borrosa en el fondo de mi memoria obstinada en preferir retener lo bueno.

No digo que sea perfecto ni mucho menos que se aplique a la gente cuyo matrimonio es una pradera ondeada e impecable por donde los cónyuges corren tomados de la mano, maravillándose en su propia dicha. Digo que es bueno para mi, donde en mis debilidades e imperfecciones, se fortalece algo que es mucho más grande que yo, y que no depende de mi corta visión de las cosas.

miércoles, 24 de junio de 2015

El esposo, viajero

Sin inútiles disculpas y excusas que no excusan mi ausencia por estos lares digitales, procedo a contarles que el esposo siempre tiene los comentarios más hilarantes cuando se encuentra en el (en su caso) extremadamente largo proceso de despertarse y finalmente levantarse de la cama, cada día.

Últimamente, anda teniendo sueños de viajes. Y me pareció terriblemente egoísta quedarme con estos dos recuentos de las últimas ocasiones que escuché sus primeras palabras, todavía dormido, así que para su entretenimiento de mitad de semana, aquí van:

Día 1, comentario de la nada:

- Decime ya nena donde pusiste..

- Donde puse qué? (totalmente despierta)

- Mi pasaporte

- ...... yo no toqué tu pasaporte

- Si, escondiste y ahora no puedo tomar mi vuelo

Y se dió la vuelta y siguió durmiendo. Más tarde, completamente despierto, volvió a elevar falsas acusaciones en mi contra diciendo que le escondí el pasaporte (cual sería la utilidad de algo así, vaya uno a saber)

Día 2:

- Horacio, despertate que ya es tarde

- No puedo, nena, me voy de viaje

- Si? a donde?

- Es un secreto, me voy con mi papá

- No me digas, y yo puedo ir?

- No. Es un viaje de hombres

- Bueno. Traeme un regalo

- Si

Y nuevamente en profundo sueño

Ahora, acabamos de regresar de tomar el viaje más largo de nuestra vida juntos, nos fuimos un mes, y todavía nos estamos pinchando ante tamaña suerte de haber conseguido que se alineen todos los astros para lograrlo. Pero por lo que parece mi estimado consorte continúa en modo travesía. Solo me queda esperar que traiga alfajores.

domingo, 6 de julio de 2014

Si la vida te da limones..

En el patio de mi casa tengo un limonero. Es un árbol viejo, que está ahí desde mucho antes que nosotros, y que creció medio torcido y da la sensación de que está a punto de caerse en cualquier momento.

Se cayó, de hecho. Un día, un tiempo después de que nos mudáramos a vivir en la casa, el árbol comenzó a dar frutos. Muchos limones. Tantos limones que no teníamos idea de qué hacer con ellos, y que dábamos a los amigos y familia que nos visitaba en bolsas rebosantes. Pero aún así el limonero seguía dando enormes limones llenos de jugo y doblando el árbol con su peso.

Hasta que un día, el árbol amaneció caído. No enteramente, pero una parte de el colapsó bajo el peso de tantos limones. Me dio mucha pena, porque estaba segura de que el árbol iba a morir. Y yo no soy particularmente conocida por mis habilidades hortícolas, así que el hecho de que tengamos un limonero vivo y dando fruto bajo mi cuidado era un verdadero milagro. Qué curioso, morir de fructífero, de próspero, de dar tanto fruto, verdad?

Entonces el esposo, machete en mano y aires de leñador, procedió a podar el árbol y quitar las ramas caídas. Decenas de frutas rodaban por el pasto y por el piso, y terminamos ese día llenando diez bolsas de limones gordos y pesados. Dí por contados los días del fiel limonero.

Pero entonces algo pasó. Pasaron algunas semanas y de repente comenzaron a salir flores blancas, chiquitas y fragantes en los muñones del árbol valiente. Y seguro como la luz del día, comenzaron a crecer nuevos frutos. Yo sé que puede sonar exagerado, pero racimos de limones crecían en lugar de uno solo en cada rama.

Esta ocasión tuvimos el doble de limones, al punto que nos malcriamos. Si queríamos limonada, era cuestión de salir al patio y estirar el brazo. Lo mismo para condimentar la comida, para cocinar, para tomar tempranito con agua caliente, para presumir del fruto de nuestra cítrica abundancia. Hasta hoy.

Hoy no hay un limón más. Ni uno solo. Me paré mirando fijo al árbol torcido y viejo que durante todos estos años nos dio hermosos frutos sin pedirnos absolutamente nada y tuve un arranque de agradecimiento y valoración. Difícilmente valoramos la abundancia cuando tenemos, porque nos acostumbramos rápido a la prosperidad. Es como que damos por sentado y por hecho cuando recibimos, y se vuelve tan rápido parte de nuestra vida que nos olvidamos cómo era vivir sin eso.

Y dí gracias por los limones y los momentos felices que nos dio ese modesto árbol. No quiero -dije- vivir dando por sentado la abundancia  que encuentro en las cosas más simples.

Y saben qué? entonces, cuando me di vuelta para entrar a la casa, vi en las ramas de arriba -chiquitas, pero firmes- un montón de florecitas blancas.


lunes, 5 de agosto de 2013

Por una letra

Una de las piedras estructurales de este blog, es el nivel de colgadez del esposo. En repetidas ocasiones hemos demostrado a través de fehacientes pruebas que precisamente la atención no es su fuerte. Y uno diría que con los años se van aprendiendo lecciones que nos permite pulirnos a nosotros mismos y no seguir repitiendo errores que nos valgan malos ratos o en el peor de los casos, papelones públicos. 

Pero si así fuera no tendría hoy una historia con la cual regalarles. Y acá va: el sábado de mañana, repasando todas las cosas que teníamos que hacer ese día el esposo informa que quiere comprarse un buzo de gimnasia, para entrenar. Como no, le digo, y partimos a hacer nuestros quehaceres de fin de semana. Dejamos la visita a la tienda para lo ultimo, y el esposo, en su mas pura expresión, decide ir a tres distintas tiendas, preguntando y fijandose con toda minuciosidad en cada detalle de cada modelo disponible en cada lugar. Salir de compras con el esposo hace que yo me vea como una dulce palomita en el mismo terreno.

Entonces, y cuando finalmente tomo una decisión, arranco el proceso de prueba. Se fue al probador, donde fui convocada repetidas veces para dar mi opinión del conjunto visto desde todos los ángulos posibles. Primero se probo el L, que juzgo le quedaba muy Jay Z, y decidió probarse el M. Nuevamente repetidas llamadas para opiniones diversas. Que si el largo sobre el tobillo, que si la costura, que la campera, que la goma. Finalmente y después de un juzgamiento digno de actas electorales, decidió que llevaría el M. Vamos a la caja, se paga, y nos retiramos.

Asi llegamos de lo mas contentos a casa. Ahora, el esposo tiene un particularidad sobre todo lo que compra: tiene que llegar y probarse de inmediato. Posteriormente tiene que pasear por toda la casa y mostrarme nuevamente lo que ya vi hasta el hartazgo en la tienda. Entonces, yo ya sabia lo que iba a suceder. Entonces estaba yo preparandome para dormir una linda siesta mientras escucho un grito atronador:

"NEEEENAAAAAAAAAAA!!!!!!" 

Corro esperando encontrar al esposo caído, alguna tragedia, no sé, y le encuentro parado en el medio de la sala agarrando el pantalón como si fuera una comadreja que acaba de matar y me informa, por completo indignado: "Me dieron L en vez de M!!!!!!"

"y bueno, habrá que ir a cambiar" le digo. No hay muchas opciones cuando pasa algo así, o uno se conforma o marcha directo de nuevo para corregir el error. 

"vení conmigo" me dice. Ahí va mi anhelo de dormir la siesta un sábado.

Subimos al auto y partimos de vuelta camino a la tienda. Llegamos y decido, no se por que, quedarme a esperar en el auto. Baja el indignado ahorcando la bolsa de compras y marcha adentro. Cinco minutos después vuelve a salir y se mete rapidísimo en el auto.

"que pasó?" pregunto.

"entre y grité que el servicio era una vergüenza y que me dieron L en lugar de M", dijo el esposo, con mirada culpable.

"y que pasó?" pregunto de vuelta, no tan segura de querer saber..

"abrieron la bolsa y me mostraron que era M. Para mi que me dieron L, pero era M. Vamos rápido, nena"


Eso me va a enseñar a mirar yo el tamaño de lo que se trae a la casa. Adiós, siesta. 

viernes, 7 de junio de 2013

ña Pao presenta: un cuento del esposo.

El esposo me hizo llegar su regalo de aniversario, y con su permiso, quise compartir con ustedes. Es un cuento escrito por el...

Quieren leer? hagan clic

lunes, 15 de abril de 2013

Estoy enamorada de otro


Fue inevitable. La verdad no pensaba que me iba a pasar a mi, pero es una de esas cosas que llegan de la noche a la mañana, que te toman por sorpresa y no te dejan escapar. 

Empezó un día de diciembre, faltando 5 días para Navidad. Era un día esperado, la verdad. Era una de esas jornadas donde te pasas mirando el teléfono porque estas pendiente de una noticia que esperaba con ansias, hasta que la buena nueva llego. Y pocas horas después, lo inesperado, el golpe, el amor a primera vista, que le dicen.

Es muy curioso como catalogan el amor a primera vista. Siempre me pareció que amar a alguien solo con verle, sin saber sus ideas, sus pensamientos, sus posturas sobre los temas que son referenciales para uno era virtualmente imposible. Pero supongo que este tipo de cosas le pasan a alguien como yo para aprender que nunca hay que decir nunca.

Y es que cuando miro a este caballero, veo en sus ojos algo que no vi en ningún otro lado. Veo algo que me hace querer soltar todo lo que me ataja y correr para quedarme a su lado. Quiero hablarle como cuando te sentas al lado de esa persona especial y tomas un tereré y las horas parecen minutos. Quiero contarle las cosas que vi, quiero contarle las cosas que escuche, lo que comí, mis colores favoritos y mis lugares preferidos. Todo quiero mostrarle.

Pero no puedo. No puedo porque cientos de miles de kilómetros nos separan. Nos separan husos horarios diferentes. Y los días pasan raudos y solamente puedo pegarme al teléfono o a la pantalla con cada foto nueva que recibo, con cada video.

El otro día me vio. Le hable. En mi alegría le dije mil veces que le amo, que espero que sepa cuanto le amo. Le infle mis cachetes y le hice caras para que se ría. Y me miró con esos ojos enormes, eternos. Llenos de años que no tiene todavía. Me pregunto que habrá pensado.

Y es que es primera vez que soy tía de sangre. Mi hermano y su esposa Fabi fueron papas del genial Pietro Alessandro. Y estoy rotundamente enamorada del enano. No pasa un día en el que no mire mi chancho de Areguá y no contemple romper, comprar un pasaje y mandarme mudar junto a el, para no perderme estos hermosos primeros meses. Miro sus fotos y me miro al espejo buscando similitudes y cosas que haya sacado de mi. Sufro y soy feliz cuando me cuentan cada cosa nueva que hace, porque se que no estoy ahí para ver, no estoy ahí para bañarle, para cambiar sus pañales, para darle mamaderas. Pero soy feliz porque veo que crece un bebe sano y precioso. Diganme si esa mezcla de emociones no es enamoramiento.

Pietro tiene ojos de sabio. Aún en la panza de su mamá en una de las ecografías decidió mirar directo a la cámara que saca la foto, y ves su imagen en blanco y negro en la panza, con unos ojos grandes como el mar, mirando directamente a vos. Nunca vi algo semejante. Cuando nació  se ratificó esa misma mirada potente, que se fija concienzudamente en todo lo que le llama la atención. El otro día me miró a mi. No les puedo explicar la emoción.

Voy a tener que esperar hasta diciembre para alzarle upa y hablar, hablarhablarhablar hasta que no tenga más nada que decirle, y me quede callada nomas a su lado, dejando que el tiempo pase. Pero para mi por lo menos con Pietro se vuelve innegable realidad eso de que la sangre llama. Me llama mi hermoso sobrino. Ya me voy, mi amor, tía ya va.

Pietro en la panza de su mamá. Nunca vieron un bebe que mire directo a la cámara, verdad? Increíble


Pietro al mes y medio. Es todo un señorcito.




miércoles, 20 de marzo de 2013

La Opera y el Papa

Desde que era chico, el esposo manifestó un notable amor por la música. Tanto así que se juntaba con su hermano Huguito e inventaban canciones que cantaban a voz en cuello y ad nauseam todos los días, para gran irritación de sus padres. Llegaron a hacerle una canción a la banana, decía algo así como "quien oh matutino banana
q q q q q quien Oh  matutino banana " y fue en esa época mas o menos donde su mama tomo la sabia determinación de mandarlos a cantar a un coro para que, en sus palabras, "canten cosas que por lo menos tengan sentido".

A lo largo de los años el esposo me nutrió y compartió conmigo mi amor por los musicales, y cuando la Opera de la Uninorte presento el fin de semana pasado la obra de Rossini El barbero de Sevilla, nos anotamos enseguida para ir a ver. Ahora, como ustedes saben, siendo una fanática de la moda, busco cada ocasión posible para sacar mis mejores galas a relucir, entonces; prepare un conjunto y mis más preciados zapatos para el evento y partimos enpitucados al teatro.

Así llegamos y, oh sorpresa, vemos bajar a una pareja que entra delante nuestro al teatro. La tenida de el? nono, en serio, espero que estén sentados para esto: bermudas y zapatillas. ZAPATILLAS. Le faltaba su tereré y completaba su atuendo futbolista en tiempo libre. Me quedé mirando y le dije al esposo, "nah, seguro le va a acompañar a su novia a la entrada y se va". Pero no, el wannabe futbolero y novia entraron al coliseo más emblemático del país y se sentaron, listos para la función, y yo ahi, que por poco y no llevé tocado de plumas. Solo en Paraguay.

Acto seguido, en el Intermedio, había gente que se levantó y salió al lobby, y gente que decidió quedarse. Nosotros nos quedamos conversando, mientras en el palco de al lado había una pareja de señoras que estaba haciendo lo mismo, a un volumen bastante mas alto, tengo que decir. Y aquí un punto importante que todos debemos entender, particularmente los latinos: no porque estés en un intermedio o en un sitio público tenes el derecho de aturdirle a todos con el volumen de tu conversación. A nadie le importa lo que estas conversando. Respetemos el espacio de los demás. Volviendo a nuestras vecinas de palco, una de las señoras saca su teléfono y se pone a mirar, a todo volumen, esperen…

EL PAPAAMERICANO.

Si, ese videito detestable que parodia la conocida canción haciendo honor al nuevo Papa latino (lo de su nacionalidad no toco porque ya esta siendo suficientemente cubierto por medios de su país, por no mencionar al esposo, que ante cualquier situación -lease cualquiera- sale con "eeehh!! que el papa es ARGENTINO!!"). Se puso a ver todo el video, a todo lo que daba su teléfono. No les miento. Todos los que nos quedamos nos dimos la vuelta a mirarle y creo que hasta le daba un placer sádico, porque se sonreía, sabiéndose observada, y miró hasta el último segundo del espanto ese. 

Esto pasó en la Opera, no me quiero imaginar lo que pasa el Veracruz de Villa Elisa. En serio no quiero. 

jueves, 28 de febrero de 2013

Obra en construcción

Mi falta de posts en estas últimas semanas se debió a que estuvimos de construcción en la casa. No vayan a imaginarse grúas, y una feroz obra levantandose, fueron apenas algunas cosas, paredes que se quitaron, revoques renovados, un pisito en el garaje, un solar en el techo y trabajos en el patio. Pero en el nombre de todo lo limpio en el mundo, cuánto polvo! cuánto desorden!

Leí una vez y siempre recuerdo que dicen que atravesar una mudanza es mas estresante que sobrevivir a un incendio. Y siempre comprendí el punto porque quienes se mudaron saben perfectamente el caos aparatoso que representa no saber donde esta ni siquiera una muda limpia de ropa interior, no hablemos de libros y elementos de cocina, en el proceso terrible y cansino de cambiar residencias. Pero hoy quiero hacer mi propio adendum a esto y quiero decir que atravesar una construcción mientras vivís en la zona de obra es más estresante aún. 

Hoy les traigo dos perlitas de los días que pasamos, y procedo a narrar para su entretenimiento:

El primer día de la construcción, el esposo se iba a quedar a cargo de recibir la carga de materiales y organizar todo, porque yo salgo muy temprano. Entonces salí, como todos los días, contenta de saber que el iba a tener todo bajo control. Pasaron dos horas y estaba en pleno trabajo, sin poder atender mi teléfono, cuando este comienza a vibrar como si fuera a convertirse en un Gremlin. Miro de reojo mientras hago la entrevista, imposibilitada de responder y veo mensajes titilando en la pantalla, los mensajes son los que siguen:

esposo: "Nena, me dice el albañil que con el mal tiempo no van a traer los materiales"

esposo: "le llame al de la casa de materiales y me dijo que pueden traer la arena por lo menos. El resto no saben"

le escribo como puedo: "es un camión, pediles que traigan todo igual, no llueve torrencial"

esposo: "donde hacemos que dejen los materiales?"

esposo: "Nena"

esposo: "trajeron la arena"

esposo: "solo la arena"

esposo: "y no esta en bolsa"

esposo: "nenanenanenanena"

esposo: "compraste un camión entero de arena"

esposo: "como para una casa"

esposo: "NENA"

esposo: "no pensaste donde ponerla, donde pongo?"

esposo: "me van a tapar el camino y no voy a poder sacar el auto"

esposo: "listo, me encerraron"

esposo: "no puedo sacar mi auto"

esposo: "no me dijiste que era tanta arena"

esposo: "me voy en taxi"

Si, esto sucedió. En un lapso de 5 minutos. Les prometo que fue mayor la cantidad de mensajes, solo que fueron editados para este texto.

La segunda historia sucedió en los días finales de la construcción. Habíamos comprado un piso para exterior y buscado muchísimo uno que sea antiderrapante, que no peligre caídas al correr encima. Buscamos en toda Asunción, pero el diseño más aceptable que encontramos fue uno que imitaba las veredas de Rio de Janeiro. Obvio que esa vereda solo tiene sentido en Rio, pero en serio el resto de los diseños eran impresentables. En fin. Como ustedes saben, las veredas de Rio son eternas ondas que van a lo largo de las playas y se superponen. Bueno, llego el esposo a casa y me anunció: "de dos chances de hacer algo bien o mal, siempre va a salir mal". Porqué? le pregunte, me saco afuera y me mostró el piso que terminaron de poner ese día. En lugar de ondas, formaron ojos poniendo las curvas unas contra otras. Ojos gigantes. El piso de Gran Hermano, teníamos. Eso nos pasa por vyrochuscos.

Estas semanas representaron uno de los desafíos mas fuertes en nuestro matrimonio. Pueden decir lo que quieran, pero deberían poner en los votos matrimoniales, junto con en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la limpieza y la suciedad de la construcción. Cuán cierto es que llegar a una casa hecha un caos hace que sientas que hay un caos dentro tuyo también. No se como se siente el esposo, pero yo creo que alcanzamos un nuevo nivel de madurez y conocimiento. Y un crecimiento exponencial en la capacidad de paciencia. Tengo como diez canas nuevas.

Y la casa? quedó regia, gracias!

martes, 4 de diciembre de 2012

Tu presencia, mi mejor regalo

El sábado pasado tuvimos una fiesta de 15 con el esposo. Mi primita Paula estaba celebrando la feliz ocasión, así que nos empitucamos y para alla partimos. Todo el proceso me hizo pensar mucho en la época lejanisima en la que iba a los quinces no porque soy la prima de 29 años de la cumpleañera, y me pregunte si habrían cambiado mucho la etiqueta y las mecánicas sociales tan delicadas a esa tierna edad.

La celebración tenia lugar en un salón de eventos al que no habíamos ido anteriormente, así que no conocíamos mas que la dirección. Y como en este amado país habitualmente no suele haber muchas señalizaciones de calles, llego el momento que estábamos preguntando si conocían el lugar X. Nos guiaron como solamente en Paraguay te guian para llegar a un lugar "seguí derecho y dobla en la arribada, después del árbol de mango dos casas y ahí mas o menos es". Lo que si es que llegamos a un sitio adornado de fiesta y asumimos estar en nuestro destino.

Se adelanta el esposo -que se olvido lo caballero en casa- y entra como equino al salón en cuestión, siguiendole yo y disminuyendo mis pasos cada vez mas. Algo no era correcto. No estaba viendo a nadie que me resulte conocido. Y tendré mis años, pero por lo menos mis tíos y algunos conocidos debían estar en la muchedumbre. En eso paro al encontrarme con una señora que aparentemente estaba por completo ofendida por el atrevimiento del esposo, que ya estaba buscando una silla donde arrimar su trasero, y miro detrás de ella el típico cuadro gigante de la quinceañera que uno debe firmar al entrar cual libro de visita. No era mi primita.

De paso, haciendo un paneo por la entrada, veo a la festejada de la ocasión, en carne y hueso. Y como los adolescentes tienen vergüenza de todo y todos, la pobre me miraba mortificada, no creyendo a sus ojos y preguntando silenciosamente al cielo porque, porque tiene que pasarle a ella que una pareja de desconocidos entre por equivocación a su fiesta? el papelón, el espanto!

Haciendo uso de mi mayor capacidad de aplomo, le pregunto a la señora si ese no era el salón X. La fiesta correcta, evidente, no era. La señora me mira de arriba a abajo (quiero pensar que admirando mi conjunto, pero algo me dice que no) y me informa que no, no era. Le pido disculpas mientras el esposo, al ver fallido su intento de cavar un túnel y huir a China, vuelve a mi lado, y se me ocurre, de todas las cosas, preguntarle si no sabría por las dudas donde era el mentado lugar. La dama, compasiva al fin, nos guio como pudo, y para mayor bochorno de la quinceañera, sale uno de sus compañeritos detrás nuestro a reconfirmar la dirección para llegar al evento correcto.

Salimos disparados y después de varias vueltas mas por las inmediaciones, encontramos el lugar. Mire con mucha ternura como algunas cosas nunca cambian, y hasta me arregle para asustar hasta la palidez al pretendiente de Pau, preguntandole a quemarropa quien era el. Y las mismas mecánicas que funcionaban con delicadisimo balance 15 años atrás, continúan hoy. Distintos escenarios, pero nada nuevo hay bajo el sol.

Una noche memorable, sin duda. Deci nomas que no dejamos el regalo en la primera parada.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Calma a prueba de llaves


Continuando con el tópico de amigas esplendorosas que me enseñan lecciones de vida, abordado la semana pasada, quiero contarles lo que me paso esta semana estando en compañía de mi querida amiga Cintia. Veran, Cintia es una mujer muy ocupada, gerente de una importante división en una empresa líder del país y ciertamente una de las damas mas glamorosas que conozco, pero tiene esa elegancia inherente, no forzada, y lo que es mas llamativo, humilde. Elegancia humilde? si, esa elegancia que no te refriega en la cara, que no te hace sentir inadecuada o carente de buen gusto o medios para expresarlo.

Entonces, habíamos quedado con mi amiga de encontrarnos para ir a caminar-rapidamente-porque-correr-te-impide-hablar-bien en el Parque de la Salud que esta detrás del Banco Central, y que es uno de mis lugares favoritos para correr. A eso de las 6 de la tarde llegamos y procedimos, previa determinación de hacer 3 vueltas, a empezar el circuito. Cuando hay que ponerse al día el tiempo vuela.

Una hora después, cacareando como gallinas y habiendo llegado a la meta de la jornada, enfilamos para la salida después de haber estirado. Entonces, es cuando mi amiga se percata que no encontraba por ningún lado sus llaves del auto… silencio… le mire con turbación bovina y di media vuelta, procediendo a meter mi cabeza entre los arbustines donde habíamos estirado, pensando lógicamente que la llave se había caído ahí. Nada.

Ahora, que pasa con las cosas que se le caen a uno, que uno vuelve sobre sus pasos y terminan estando siempre en los lugares mas descabellados, y donde lo mas seguro es que no hayamos estado en un principio? una de las explicaciones es la Ley de Murphy, claro. Sea lo que sea, se aplicaba en todo rigor ese día, porque por supuesto, no nos quedo otra que volver a dar una vuelta en el parque, mirando para abajo con pinta de enajenadas, preguntando cada 500 metros a un guardia "señor, no le entregaron una llave por acá?" todos, pero todos los guardias a quienes les preguntamos nos miraban dudosos, como si no fuera creíble nuestra historia y nos gustara andar jorobadas por el Parque, lleno de mujeres de punta en blanco, que nos disparaban las mismas miradas, les diré. 

Como era de esperarse y, a pesar de un empedernido intento de permanecer optimistas, la llave no fue hallada en toda esa interminable vuelta que dimos (nada es mas largo que una vuelta mas a un circuito cuando ya hiciste lo estipulado en el día). Para cuando llegamos al principio de nuevo, había caído la noche, la gente comenzaba a irse y todo tomaba un tinte francamente dramático. 

O quizás me estoy describiendo a mi misma. Ustedes me conocen, tiendo a mostrar normalmente un tinte dramático y un flair para el novelerismo que sinceramente es digno de salario. Estoy segura que si dejaba todo y me iba a tocar las puertas de Televisa, hoy seria villana de novelas. El punto es que miraba a mi amiga, barajando opciones, mientras ella con calma monacal inspeccionaba milimetricamente el baño del lugar y pasmada, me daba cuenta que ella estaba como si todo estuviera completamente normal. Fuimos a la recepción, nada. La casilla principal de guardia, nada. Y yo, exagerada innata, cada vez mas asustada y nerviosa, hablando cada vez mas fuerte "NO PASA NADA!!!! SI ES UNA LLAVE NOMAS, CUANTO DIJISTE QUE CUESTA VOLVER A HACER UNA!?? Y OS SEGURO TE TRAE ENSEGUIDA LA COPIAAJAJAJAJAJAHH!! QUE ANECDOTA!! QUIEN ES ESE SR. QUE NOS MIRA RARO!?? TIENE UN HACHA??  ESE PERRO PARECE UN LUISON!! NO?? VAMOS A MI AUTO QUE VA A APARECER SEGURO AHI!!!".

A modo de disculpa por mi errático comportamiento le dije "me impresiona tu temple". Y ella, sabiendo que yo en su lugar estaría tirada en el piso, clamando a propios y extraños de mi tragedia preguntando si algún día volvería a ver mi hogar, me dijo "no pasa nada, Os va a traer la otra llave y ya, o veremos que hacemos" y llamo a su esposo -un santo varón, que de inmediato partió con la llave de repuesto desde la otra punta de la ciudad-. Eran las 8 y media. Volvimos una ultima vez al ingreso a preguntar si por providencia divina había aparecido la llave y, oh sorpresa! un buen samaritano había encontrado y devuelto. Nos abrazamos como si hubiéramos ganado el dobles de Roland Garros y partimos raudamente cada una por su lado.

Las dos grandes reflexiones que me quedan: 

1. Mantener calma bajo presión es una disciplina. Y es admirable quien logra dominarla, la histeria lo único que hace es nublarte la visión. Y hacerte hablar pavadas, muy fuerte.

2. Hay gente buena todavía, que devuelve llaves de hermosos autos, habiendo podido causar un perjuicio. Y eso renueva mi fe en la humanidad.

martes, 21 de agosto de 2012

De sueños cumplidos y vidas rosadas..

Esta fue una de las semanas mas difíciles de este año. Desde el miércoles pasado estoy con una conjuntivitis tan galopante que en serio empece a sospechar de mi transformación en un vampiro. La unica forma de batallar en contra era estar en la oscuridad en casa, sin salir al sol. Cuando el domingo me aventure a salir casi me desintegro, segunda sospecha de mi mutación en prima del Conde Dracula. En fin.

Ayer sin embargo trajo consigo una nueva semana, un nuevo intento de volver al trabajo, y la hermosa noticia de que por fin mi columna para Dove se había publicado el domingo. Y esa es probablemente una de las mejores cosas que me paso este año.. porque no solo siempre había soñado con ser una autora publicada -cheDiotodaslasemocionesdelplanetajuntasllorotirobesosbailo- sino que mi primera publicación sea como embajadora de una marca que quiero y respeto, creo que es el combo completo. Hoy les presento mi columna.

En este articulo cuento pedazos de mi vida que nunca conte antes, y me encantaria que lo lean y puedan darme su parecer sobre mis reflexiones finales. Y les recuerdo que ustedes tambien pueden enviar sus historias, de como abrazaron la vida en algún momento en particular a abrazalavida@dove.com.py . Su historia puede ser seleccionada para publicación y pueden ganar productos Dove por un año!

Así que no importa que tengo los ojos rosados en este mismo momento, creo que la vida se ve hoy exactamente de ese mismo color..


viernes, 10 de agosto de 2012

ña Pao, reina de la alfombra roja.

Amo el cine. Amo el cine con todas sus luces y sus sombras, y ademas amo profundamente la industria del cine, que es probablemente la industria artística mas poderosa de la historia. Y desde que tengo memoria miraba las coberturas de los estrenos de films o las entregas de premios y soñaba con algun día entrevistar también a las estrellas de la pantalla grande asi como los fabulosos conductores de la alfombra roja.

Entonces comprenderan mi entusiasmo cuando ayer me avisaron a las 5 de la tarde que a las 8 tenia que estar en el estreno de la anticipadisima pelicula nacional 7 cajas,  de Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori, estaba completamente encantada; como profesional y como fan del cine, porque como todos, estuve todos estos meses esperando el estreno del largometraje, desde el anuncio de que gano el premio de Cine en Construcción en el Festival de San Sebastian. Un orgullo sin precedentes para los paraguayos.

Pero como también conozco la idiosincracia del paraguayo, y sobre todo el tratamiento que se le suele dar al cine nacional en nuestra sociedad, cuando me avisaron sobre la cobertura jamas se me paso por la cabeza la posibilidad de que fuera un evento de alfombra roja per se, es decir: con vestido formal y toda la parafernalia que a mis ojos merece un evento artístico semejante.

Entonces, y como estaba en compañia de Cintia, una de mis mas queridas amigas, seguimos charlando hasta las 7 y algo y decidi llegar con la ropa que tenia puesta en ese momento. Conociendo el ámbito -me dije- van a estar todos de jeans, converse, remeras y la máxima gala va a ser una que otra fedora en los mas atrevidos. No voy a ser la ridícula que vaya de largo. Cintia es una de las mujeres mas esplendidas que conozco, asi que insistio por lo menos en maquillarme para la camara, y asi lo hizo, dejandome fresca como una lechuga, por lo menos de rostro. Muy contenta con mi look relaxed hipster, media hora antes de mi cobertura, partí al lugar.

Asi llego al lugar del estreno y una cuadra antes, veo luces de cañón. Si, de esos cañones que proyectan la luz a cuadras del lugar. Eso me preocupo un poco. Nah, no sera nada, dije. Entonces estaciono y al bajar, pasan dos señoras DE LARGO. De largo y con lentejuelas, al lado mio. Y, todavia incredula, sigo avanzando hasta que me encuentro con el inicio de, si, la alfombra roja. Ahora, recapitulemos para que tengan una impresion general de lo que sucedió:

Era:

-una alfombra roja, que daba a un gran lobby abierto, con cientos de personas.
-camaras y luces de TODOS los canales habidos y por haber en el pais.
-fotografos de cuanto medio, blog, revista y/o quinceaños, disparando ni que fueran los Oscars.
-cronistas y reporteros de canales colegas todos esplendidos, las chicas de largo, en superproduccion, y los muchachos de saco y corbata formal.
-gente TODA de largo o traje. Las mujeres todas regias. Los caballeros casi todos galanes.

-y yo... vestida con una camisa que encontre en una liquidación de ropa vintage, unos jeans y unas sandalias que San Francisco de Asis no me hubiera aceptado de donacion.

Esto no seria tan grave si no fuera porque yo soñe TODA MI VIDA con cubrir un evento de ese calibre. Y ahi estaba, en el estreno mas glamoroso de la historia del cine paraguayo, con sandalias chatas marrones y una camisa de liquidación.

En pánico, mire a la tienda de Zara que estaba a unos pasos y considere meterle un pique hasta ahi, comprar el vestido negro mas adecuado posible, cambiarme, tirar mi ropa al basurero mas cercano y aparecer decentemente, pero me di cuenta que los directores y el cast de la película ya estaban dando entrevistas, y corria un serio riesgo de que entren a la sala antes de que vuelva de cambiarme. Y ahi mi Jefe de prensa, con justa razon, me iba a mandar cambiar, pero de puesto.

Asi que con el dolor de mi alma, hice de tripas corazón. Con mi mejor cara de "si, me vesti asi a proposito, porque soy re heavy re jodida", me identifique en la entrada, le agarre a mi camarografo y empezamos a hacerle notas a todo el equipo. El protagonista del film, Celso Franco, me asombro con un saco muy arriesgado de pana azul cobalto y la predisposición mas sencilla que imagine, asi como Lali Gonzalez, que hace de Liz. Todos felices, todos contentos de compartir este hito del cine. Cuando llegue a casa al terminar, no podia dormir de la emocion de que finalmente se dio este tipo de tratamiento a un film nacional. Vayan a ver la pelicula. No porque es paraguaya, sino porque es GENIAL y es paraguaya!

Preguntas que anhele y ensaye mil veces delante del espejo, con un cepillo en la mano, las hice ayer, con la vestimenta menos adecuada posible. Pero quiero pensar que ese tipo de cosas me pasan exclusivamente para mantener el flujo de historias improbables en este blog. La próxima no me importa si me envian a cubrir el lanzamiento de la chipa mas grande del país, me voy de largo y con sombrero. Desprevenida no me vuelven a agarrar.

viernes, 13 de julio de 2012

ña Pao, belleza irresistible


Considerando que mis obligaciones laborales requieren que me levante a las 5 de la mañana, lo hago, de lunes a viernes. Pero no soy de esas mujeres que se levantan de un salto y salen luciendo regias, listas para llevarse el mundo por delante. Mas bien da la impresión cuando salgo por la mañana que me lié lo primero que encontré y me arrastré hasta el trabajo con los ojos a medio abrir. A eso de las 8 comienzo a parecer un ser humano normal, lo cual es un poco inconveniente dado que interactúo con gente desde las 6.

Ahora, teniendo todo eso en cuenta, necesito contarles lo que me paso esta semana. Todavía era de noche cuando salí de casa, y era un día bastante frío para nuestros lares, 4 grados. Yo soy totalmente proclive al frío, así que eso dentro de todo me pone de buen humor. Pero como todos los días, me lié lo primero que encontré y salí a la calle. Si nos llegamos a encontrar en esas condiciones, les ruego no juzguen mi gusto por la moda por lo que tenga puesto. Mis elecciones de vestuario a las madrugadas no representan en lo absoluto mi capacidad de producción en horas mas adecuadas. 

Ya cerca del trabajo, en uno de los un millón doscientos mil semáforos que hay en el camino, veo que un joven caballero del auto de al lado me mira insistentemente. Ahora, yo escribi en el pasado sobre el tema de la variopinta manada de gente que se encuentra en el transito asunceno diario, pero este señor en cuestión parecía determinado en su misión de mirar hacia mi lado. De hecho, el minuto que le mire, comenzó a sonreír..tímidamente primero, y después abiertamente. Finalmente levanto la mano y me hizo la señal universal de ok con el dedo pulgar levantado.

En los cinco segundos en los que transcurrió esto, yo pase por varios estados, a saber, 

primero indignación:

-"como se atreve este badulaque a venir a mirarme con ojos de avestruz en celo, atrevido"- 

posteriormente moralismo:

-"le pongo cara de ESTOY CASADA y si me mira un segundo mas le levanto la mano para que vea mi anillo, que se pensó este, que puede tratar de levantarme en el semáforo, desubicado"- 

y finalmente un poquito, solo un poquito de alegre reafirmación de mi autoestima:

-"mirá ña Pao, las 6 de la mañana y recibiendo miradas de aprobación, por lo visto a la madrugada es mi mejor hora. Belleza natural, que le dicen. Pobre muchacho, no puede evitar, mirá como te hace al pelo!"-

por supuesto, y como corresponde a una dama, en ese segundo desvío la vista de mi enarbolado admirador, cuando miro al retrovisor para chequear que alguien avanza y me doy cuenta lo que me puse por la cabeza antes de salir..

jueves, 24 de mayo de 2012

Los hombres y la tele


Existe un raro vinculo muy dificil de discernir entre los hombres y los aparatos electronicos. Y muy particularmente, entre los hombres y el televisor. Que aparatito desgraciado.


No quisiera que se entienda como que no me gusta la tele, o ver tele, o las series, programas etc. que tanto entretenimiento nos traen desde la invencion del aparatito en cuestion. Pero es que justamente ese es el tema. A mi, como a la mayoría de las mujeres, me GUSTA la tele. Pero puedo vivir sin la tele. No me resulta indispensable en cada minuto de mi día. El esposo, sin embargo, no puede pasar cerca sin prender. No puede estar en casa, aunque estemos jugando un juego de mesa, sin que este encendida.


Cuando finalmente llego a mi casa todos los dias, a la noche, sentarme como automata frente a la pantalla no es exactamente mi idea de tiempo de calidad. Mas considerando que el tiempo de calidad que podemos tener todos los dias entre semana con el esposo asciende a un gran total de una hora por dia. Si, una hora. Eso es todo lo que veo a este querido muchacho hoy en dia.


Entonces, cuando el otro día el esposo apretó algun botón que no ubico su función en el mando del cable y la imagen desapareció, no me resulto tan grave ni nada de otro mundo. El, digamos nomas que se altero. Si hubiera podido llamar al Presidente de la República (aunque visto y considerando su completa inutilidad, no le hubiera servido de mucho) lo habria hecho. Llamo a toda la compañia de cable. Le explico una y otra vez a aproximadamente 8 personas el proceso completo que llevo a la tragedia de la desaparicion de la señal, con voces guturales para ejemplificar los sonidos que hacia la pantalla ("y ahí hizo como un tikitikitikitiki grrrrrzap, entendes?") y descripciones especificas de cuantos segundos apreto cada boton. Yo miraba impavida, preguntandome con todo mi ser si el era por completo incapaz de entender que el tiempo estaba pasando, que ese dia no habiamos hablado todavía y el estaba absolutamente concentrado en el objeto de sus afectos, la tele, de rodillas y con el trasero apuntando al techo, repitiendo las instrucciones que el pobre projimo del Call Center le daba en el telefono.


Ese día, la tele se arreglo. O sea, volvio la señal. El suspiro aliviado como si fuera que desactivo una bomba que iba a hacer explotar la casa entera y se paseo por la sala con el pecho inflado. Yo respire hondo, le conte un poco de mi dia y me fui a dormir, porque como me levanto a las 5 y media de la mañana, a las 10 literalmente me quedo dormida, en cualquier situacion que este.


Pero ayer fue el acabóse. Llegando yo a casa de otro día de laburo, me recibe afuera comentandome de su dia, hasta que no aguanta mas y me dice con la cara desencajada: "nena, la tele. Se descompuso de vuelta".


Ahora, quiero que visualicen esto conmigo. Tenia los ojos como huevos, la cara pálida y se mordía el labio inferior. Daba la impresión de que me estaba dando la noticia de que le diagnosticaron una enfermedad incurable. 


Me limite a mirarle fijo y le informe que no me podía importar menos, que el cable no saliendo era el menor de mis problemas y que no me joda, mientras me retiraba a sacarme el maquillaje y ponerme el pijama. Cuando volví a la sala, le escucho perjurando por lo bajo una lista de groserías que harían avergonzar al pirata Barbanegra, mientras miraba al aparatejo del cable con una motivación que parecía querer arreglarlo por la sola fuerza de su voluntad. Se estiraba el pelo, pegaba patadas al suelo, y pasaron unos minutos de esta conducta de enajenado cuando en la cúspide de la incoherencia me acerco a el y exasperada le digo "no pasa nada, deja la tele asi y mañana vemos que arreglen, pero deja de actuar como loco". Me miró como si le hubiese sugerido vender su cuerpo a señoras de la tercera edad a cambio de bananas y vocifero "DEJAME QUE NO TE ESTOY MOLESTANDO, VOY A ARREGLAR, DIJE!! SI QUERES HACERME UN FAVOR, RETIRATEEEE!". Ante lo cual comprendí que estaba tratando con mi esposo en su mayor aproximación a un primate, y me fui al cuarto. Desde ahí le escuchaba usar el viejo truco de pegarle a ver si anda.


Paso un tiempo hasta que algo -no tengo idea que- le hizo volver a sus cabales. Vino a buscarme, se disculpo y dejo la tele tal cual estaba, pero echandole miradas de franca preocupacion de tanto en tanto. Toda esa calamidad tomo alrededor de cuarenta minutos. Estuvimos veinte minutos hablando y cenando una comida que se enfrió en medio de la debacle de la tele, y caí dormida, inconsciente. 


Una obsesión tan enigmática, tan incomprensible, le impidió ver que yo estaba ahi, por solo una hora, para compartir. Que nadie nos va a devolver ese dia, esa hora. Se dedico a tratar de salvar a su amada. Ese es el tema de las prioridades. Hablan mas fuerte que las palabras.


Estoy contemplando empezar a actuarle sus series favoritas, para ver si capto mas su atención, por ahi resulta. Les mantendre al tanto.

martes, 13 de marzo de 2012

ña Pao, una señora esplendida.

No soy una persona muy habituada a los masajes. Ya se, no me miren así. No es muy normal que digamos, pero tampoco es tan normal que no me guste ir a la Peluqueria, y no me gusta, siendo que a la mayoría de las féminas les resulta simplemente indispensable. El tema es que-aunque pague por ello- cuando alguien me hace masajes o exfoliaciones o lo que sea, siento que estoy siendo molestia para esa persona. No tiene mucho sentido, pero es como un complejo de culpa que me impide disfrutar de la cuestión. 

Pero la historia que quiero contarles hoy se desarrolla en el Spa, donde fui a acompañar a mi hermanita, que tenía un paquete de varios servicios para ese día. Ahora, había ido a ese lugar ya varias veces y todas en las mismas circunstancias, para estar con amigas que recibían paquetes de regalo. Termina siendo una linda forma de pasar el tiempo aunque salga completamente stresada de los masajes porque como les conté, me acuesto ahí pensando "porqué no me habla esta señora? pensará que tengo demasiados lunares en la espalda? dejé extendida la ropa? se acordara el esposo de darle de comer a los perros? suspira! porque suspira la señora? estará cansada? pobre, mejor le digo que termine nomas ya, tendría que hablar ahora? y si le cuento como fue mi día?" y así en un monologo interno interminable que resulta por completo exhaustivo. 

En fin, estaba yo instalada en la pileta del spa esperando que la agasajada termine con su masaje sueco de 30 minutos, cuando se me ocurrió que seria genial tomar tereré mientras hacia hora. Por supuesto y como es de esperarse, llevé mi termo conmigo y tenía todo listo, excepto el hielo. Tengamos en cuenta que este lugar tan lindo donde estaba es uno de los spas mas sofisticados del país, así que me lié la bata -primero muerta antes que ser juzgada por el resto de las damas por mi piel color pollo Pechugón en mi malla de cuatro temporadas pasadas-, y procedí a enfilar hacia el bar. 

Llegue hasta donde había chicas del staff, y cuando me miraron con caras ligeramente sorprendidas, pensé para mis adentros: "debo estar tomando colorcito ahí en la pileta, ña Pao, sos una belleza exótica!" sonreí con gracia y les informé de mi necesidad de hielo para el tereré, cuando seguían mirándome sin responder.. y finalmente me dijeron que no, que no tenían hielo para vender y que probablemente no había en el bar. 

Debo decirles que me sentí un poco defraudada, son varias veces las que fui ya a ese lugar y el trato siempre fue impecable, y ahí estábamos, con estas chicas negándome un poco de hielo, que seamos francos; debían tener, porque es simplemente imposible que no hayan tenido. 

Regresé a la pileta, me pegue otro chapuzón, y me senté con mi libro para seguir la dulce espera.. y me fijo en que todas las chicas que estaban al borde me miraban también, fijo, como las chicas del staff me habían mirado. "Quizás me ubiquen del trabajo" pense, y me autocongratulé de nuevo por la rapidez con la que debía tomar el color del verano, que seguro generaba la envidia del lugar, casi animándome ya a pasearme sin bata y practicar poses tipo Sports Illustrated en el borde de la piscina. 

Finalmente me llega un mensaje de mi hermanita, que me pedía que vaya al vestidor a encontrarla, y juntando mis cosas y con andares de Gisele Bundchen partí. Cuando llego a los vestidores deje mis cosas a un costado y me acerco al espejo para apreciar el color bronce que seguramente me habría quedado y generado tantas miradas cuando veo algo como esto: 


Aparentemente no me había sacado el maquillaje que tenia puesto ese dia antes de entrar al agua en el spa. En eso sale mi hermanita y con los ojos como huevos, con la delicadeza que solo el amor puede propiciar, me dice: "Pao, se te corrio un poco el rimel.." 

Realmente no se cual es la moraleja de esta historia. No sé si se negaron a darme hielo (que por supuesto podían cargar a mi cuenta y estaba completamente dispuesta a pagar) por mi cara de loca o por una simple mala movida de atención al cliente. Pero lo que sin duda me queda claro es que en un alarmante porcentaje, las mujeres actúan con malicia. Yo personalmente, le hubiera avisado a la pobre prójima con la cara corrida como mascara derretida al fuego de semejante estado. Pero una gran mayoría no, por lo menos basada en la muestra tomada en la vergonzosa jornada (se limitaron a mirarme con cara de babuino). La única que me dijo algo está atada a mi por sangre, así que no se muy bien como cerrar mis estadísticas. 

O por ahí no me dijeron nada porque pensaban que era una sicópata y les dio miedo, quien sabe. Seamos optimistas.

lunes, 5 de marzo de 2012

ña Pao, indocumentada


Siempre me considere una persona ordenada. Soy de esa gente que no puede salir de su casa sin que la cama este tendida, no me importa que nadie vea la cama desarreglada, tiene que estar todo en su lugar. Y no es cosa de ahora, creo que una de las constantes en mi vida es que siempre trate de ser practica, ordenada, se donde estan las cosas, encarpeto las facturas, y cosas asi.

Por eso esto que les voy a contar marca un nuevo hito en mi vida. Pise terreno desconocido por primera vez en años, y no fue un terreno muy lindo que digamos. Me mande, como diria mi suegra, una “Paolada”.

Resulta que el sabado pasado era la fiesta de cumpleaños de nuestro sobrino, 2 añitos cumplio el gordo y demas esta decir que no ibamos a perdernos la magna ocasión con el esposo. Asi que llegada la madrugada del dia apilamos las cosas y partimos a Posadas, con mucha algarabia de mi parte (me encanta ir a Posadas. Siempre me emociona).

Hicimos el viaje en 4 horas, y estabamos ya en la casilla de ingreso de la Aduana Argentina, cuando el esposo presenta su documento. Yo saco con toda calma mi cartera mientras cantaba a los gritos un tema de Bruno Mars, cuando, oh sorpresa: No encuentro mi cedula. Ahora, por si no entendieron la gravedad de la situacion, les ubico; Estamos:

-en la casilla de inmigraciones de la Aduana Argentina de Posadas.
-a 370 Kilometros de casa.
-el dia del cumpleaños de mi sobrino.
-con regalos en el auto.
-mis suegros esperandonos en su casa para comer…

y yo no encuentro mi cedula.

Todo el resto de mis documentos estaba en su lugar, y livida, informo al esposo del acontecimiento, y el me mira incredulo. Le digo a la supervisora: “no estoy encontrando mi documento, tengo todo el resto, que puedo hacer?”. Ella me mira con cara de chupar limon y me dice “trajo su pasaporte?”. Por supuesto que le informo que no..y me dice

“en ese caso no puede entrar”.

Ni falta hace que les diga que vi todo negro y que estaba al borde del desmayo. Porque, ustedes entenderan, estas cosas NO ME PASAN A MI. Son las cosas que me cuentan y me rio, y muevo la cabeza incredula, pensando como puede ser que le suceda algo asi a alguien.

Asi que despues de dar vuelta todo, asegurandome que no haya caido de mi cartera ahí, baje del auto y pedi hablar con la Supervision, donde entre y con la mayor certeza de que entenderian les explique que por alguna razon que no entiendo, mi cedula no esta, pero que tengo todo el resto, hasta mi tarjeta de fidelity de HC, y que le prometia solemnemente que no era una terrorista que amenazaria a mi amada Argentina, solo una tia que queria estar con su sobrino en su cumpleaños. Espere paciente que me responda que entendia mi situacion, y que me daban permiso de ingresar, cuando la Supervisora me dice, sin mirarme “Jovencita, si le dijeron que no pasa, es porque no pasa. Sho no puedo hacer excepciones. Tiene que volver, entendio?”.

Ahí se desataron las Cataratas del Iguazu, version ña Pao. Ahí estaba yo,  29 años, 1, 65 de estatura, llorando como si no hubiera mañana. Sali temblorosa y el esposo, con solo mirarme, supo la tragica noticia. No podiamos entrar. Estabamos ahí y no podiamos entrar. Subi al auto, y el se bajo a mandar al cuerno y gritar improperios al viento, cosa que le agradezco –porque si bien los improperios estaban dirigidos a mi y describian mi estupidez- por lo menos se bajo del auto y se alejo para no gritarme a la cara.

Al rato llegaron mis suegros, que recibieron la llamada y pensaron que el esposo era el del problema. No podian creer cuando se dieron cuenta que yo me olvide mi documento. Creo que voy a tener que convencerles el resto de mi vida que no fue un plan macabro para sabotear la fiestita de cumpleaños de Santi. Inutil tratar de convencer al esposo de que me mande en bus de regreso y el se quede a la fiesta. Me dijo “vinimos juntos y juntos nos vamos. Y volvemos AHORA, no esta abierto a discusion”. El microorganismo generador del moho que infecta los pantanos, eso me sentia yo. Considere salir a correr y pasar la zona de Aduanas, tipo mexican en la frontera norteamericana, pero no me dieron las agallas. Solo me imaginaba la tapa del Popular al dia siguiente: "conductora de radio cristiana ombovu camisalomo sin cerdula en curepilandia". Ni hablar.

Y continue llorando como ternera al despedirme de mis suegros y todo el resto de la jornada, hasta llegar a Asuncion a las 10 de esa misma noche. El esposo, a pesar de su enojo, se mostro magnanimo. Pero igual me siento terriblemente culpable. Y absolutamente estupida.

La bendita cedula? Estaba en mi auto. Debe haberseme caido cuando saque la tarjeta para pagar algo. Triple check de documentos –y de todo- a partir de ahora. No soy tan infaliblemente ordenada como creia.

pd: perdón por la falta de acentos. No encuentro la tecla. No, no se que me pasa.
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