martes, 15 de mayo de 2018

Feliz día, mamá?

Cuando me pongo a pensar en la avalancha de deseos azucarados y celebraciones por el día de la madre, mirando todo desde el otro lado del túnel (de la maternidad, no vayan a pensar que ya me morí) por primera vez, no puedo evitar tener emociones e ideas encontradas, confusas, inciertas, desarticuladas. En fin, un estado muy parecido a como me siento todo el tiempo desde la llegada de mi vástago.

Y es que pensando y pensando, no consigo hilar las palabras para textualizar lo complejo de esta empresa de ser mamá. Los niveles de renuncia, de planes dejados de lado, de anhelos que se convierten en islas flotantes en nuestra imaginación. No estoy segura de que valga la pena, les diré.

Desalmada! Como en el día de la madre vas a decir algo semejante? Y si, que les voy a decir. No hay un nivel mayor de renuncia o dificultad que haya conocido en mis 35 años de vida, y sin embargo la paga es escasa o nula. Le miro a ese pequeño que hasta hoy literalmente se alimenta de mi, que apenas es consciente de mi presencia, con los ojos arrasados de lágrimas porque mi pecho no aguanta este amor desconocido y pienso: "todo esto para que se vuelva adolescente y yo me vuelva la vieja chota de la que tiene vergüenza frente a sus amigos, para que madure y comience a apreciarme justo en el momento de enamorarse e irse de mi lado a formar su casa, como se debe. Tanto dar para que el no tenga nunca la menor idea de tanto amor inefable, indecible".

Y si, así será. Así ha sido y cuando no ha sido, no fue bueno. Esto de ser mamá me enseñó más sobre como Dios me ama a mi (y a vos) que todo lo que pude haber vivido antes. La más grande y desigual historia de amor de mi vida. Amor nunca igualado, jamás del todo correspondido, orgullo descomunal por alguien completa y absolutamente común. Amor incomprensible.

Así que feliz día, mamás de todo el planeta. Que no hayas salido huyendo ante la aterradora tarea de sobrevivir cada día a la responsabilidad de mantener vivo y moldear a un humano es razón de más para entender por qué somos la joya de la creación. No existe valor semejante. Probablemente tanto esfuerzo nunca jamás será del todo entendido o reconocido, pero lo más probable es que si lo estás haciendo, no hay nada del mundo por lo que lo cambiarías.  

jueves, 4 de enero de 2018

No me quiero olvidar

Hijo, anoche en sueños volviste a sonreír con esa sonrisa sin dientes, feliz, con la panza llena y el pañal seco. Tu contentamiento tan sencillo. Y no pude evitar pensar que es probablemente una de las últimas veces que lo haces.

Y es que cada vez lo haces menos, cada vez sonreís menos en sueños y dormís un sueño más de bebé que de recién nacido, más consciente que ya no estás en la panza. Y está bien, es lo que tiene que pasar.


Pero voy a extrañar inevitablemente esas cositas chiquitas de recién nacido que sumadas a ésta, estás dejando de hacer.


Los ruiditos, los gorjeos, tus agugus que están dando paso a sílabas y que insistimos en que sos un prodigio porque dijiste neh neh, por supuesto vos no tenes la menor de las ideas de qué significa nene, pero nosotros ya te vemos en la fila de graduación de Harvard.  Y así, cada día estás dejando un poco más las cosas de bebé y cumpliendo los hitos de crecimiento, y estoy agradecida por ver que te desarrollas, pero me aprieta el corazón de saber que hay cosas que ya no voy a volverte a ver hacer nunca más. Es agridulce el crecer.


Son seis meses que cumpliste, y en el proceso, fuimos vos y yo solamente, vos tomando la leche que yo estaba tan poco confiada de producir suficientemente. Y sin embargo pasó. Fluyó. No en el fluir simple de esas cosas que suceden y no te das cuenta, no. Fue duro, trabajoso, desesperante de a ratos y doloroso la mayor parte del tiempo. Pero fluyó y tu sola fuente de alimentación fui yo. Y en el proceso aprendí más del amor de Dios y de como busca ser nuestra única fuente de lo que aprendí en todos los últimos años. Fue una experiencia de humildad como pocas veces tuve.


Encontré que todos los clichés son ciertos, y que yo misma soy un cliché. Me encontré entendiendo esas frases tan gastadas que ya son chistes ("solo cuando seas mamá vas a entender", "todo el mundo tiene una opinión de como le tenes que criar a tu hijo", "cuando te despegues de el vas a pasarte pensando en cómo está" y tantas otras). Me encontré irremediablemente transformada por este proceso, para nunca más ser la de antes.


Encontré que el amor tan mentado del que hablan que existe entre mamá e hijo no aparece mágicamente el minuto que salis de la panza. Es uno que se cultiva y crece con cada día, cada renuncia, cada entrega y cada pequeño paso de crecimiento. Por lo menos es lo que me pasa a mi. 


Y entonces me siento, hoy, y me apuro a dejar por escrito lo que mi memoria va despacio traicionando; porque no me quiero olvidar, hijo, de como hoy día me necesitás, y como somos vos, tu papá y yo, un bloque y una unidad completa, que no requiere nada más. Hoy todo es simple, pero difícil, pero fácil, y fluye pero cuesta, pero funciona, en las eternas contradicciones de ser humanos. Mañana ya vas a necesitarnos un poco menos, pero está bien. Así tiene que ser. Entonces escribo, para no olvidarme como sos ahora.




miércoles, 21 de diciembre de 2016

El tercer pasajero

En la escena de develación del Alien del clásico del mismo nombre, el director Ridley Scott decidió no contarles a los actores como serían los efectos especiales de la manifestación de la criatura, que es el octavo pasajero de la tripulación. En el guión simplemente decía "y la criatura emerge". Por lo mismo, las reacciones de sorpresa, desmayo, asombro y susto de los actores que se ven en la toma, son completamente genuinos. Y ya saben lo que dice el refrán, a veces las cosas son stranger than fiction.

Algo parecido sucedió semanas atrás cuando fui a hacerme los exámenes ginecológicos de rutina y, llegado el momento de la ecografía intra, el dr. me informó que había un pequeño detalle no conocido por mi persona, y que resultaba por completo inesperado: un minúsculo alien de unas cuantas semanas estaba muy acomodado haciendo su cuartel general en mi cuerpo. "Epa, hola mamá!" dijo el dr. Yo por un segundo pensé que mi señora madre entró al recinto. Pero no.

Tengo que admitirles que después de boquear como surubí fuera del agua por lo que pareció una hora lo primero que se me ocurrió preguntarle al dr. era si estaba seguro, a pesar de estar mirando yo misma en la pantalla, pero para serles sincera, como nunca vi como se ve un bebé de 6 semanas en la panza, para mi era un manchón negro con un punto blanco adentro.

El dr, amable, y muy paciente para estar lidiando con una despistada semejante, me miró y me dijo, "vamos a probar algo", apretó un botón en el ecógrafo y...

Tum-tum, tum-tum, tum-tum, resonó el corazón más fuerte que escuché en mi vida. Tuve miedo que escuchen en la calle. Tuve miedo. Punto.

En 6 meses serán 9 años que el esposo y yo estamos casados, 9 años de ser solamente nosotros, a veces con pesar, y a veces con alivio. Sobre este punto escribí mi postura aquí y aquí, y creo que traté de ser clara en que el tener hijos es algo personalísimo, y de lo cual uno no debe inmiscuirse a menos que los involucrados le inviten a la conversación (pea he'ise no te metas y no preguntes a la gente que no tiene hijos. Nunca sabes el porqué y cuanto o no les resulta penoso).

Pero en 6 meses ya no seremos solamente nosotros. Y eso es lo que me cayó como una tonelada de ladrillos en la cama del ecógrafo, enterándome de la completa nada que el día anhelado, temido, soñado, evitado, orado, había llegado finalmente. Es un miedo que no conocía. Comenzas a moverte como si tuvieras que caminar sobre cáscaras de huevo, porque de repente no importa si vos te lastimás, pero sos portadora de la carga más valiosa sobre la Tierra. Cambia la órbita. 

Y por supuesto y considerando todo el tiempo que se tomó este pasajero en sumarse a esta tripulación, lo primero que hice es comenzar a leer todo lo que encontré para adecuarme a un tema en el que soy completamente ignorante y tratar desesperadamente de ponerme al día en mi educación sobre todo lo que engloba (literal y figurativamente). Cada día desde entonces estuvo cargado de más datos del que actualmente mi cerebro se siente capaz de retener -porque por alguna razón se mueve como bus trancado en el barro después de una tormenta- y de mareos y náuseas que se manifestaron tarde, pero llegaron como para tirarle por la borda al marinero más experimentado, además de cambios de humor que me hacen llorar con sollozos al escuchar villancicos navideños. Qué época mágica!

Aunque no ahondaré en esos detalles por ahora. Tenemos largos meses por delante para dejar por escrito en este digno espacio toda esta exhilarante experiencia. Cuando le ví y escuché por primera vez, Poroto era chico como un grano de arroz, pero estaba VIVO. Y está a nuestro cargo y cuidado. No puedo imaginarme responsabilidad mayor. No duermo (de noche, porque de día duermo todo de balde) pensando en el abrumador peso de esa responsabilidad y como me quema el corazón el anhelo de honrarla.

Para estar a la altura de semejante desafío, vamos a necesitar todo el favor de Dios. Y una buena cuota de pensamientos felices. Y ahí es donde les necesito a ustedes.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Auxilio!

El día de hoy tuve una de esas experiencias confrontadoras con la muerte que le hacen a uno replantear sus prioridades en la vida y reflexionar sobre cosas tan fundamentales como el corte de pelo definitivo, y demás. Y consideré justo y necesario venir a este mi rincón sagrado y custodio de mis historias para dejarlo disponible ante todo el que quiera leer. 

Resulta que en mi más cercano anillo de amistades, una de ellas es una reconocida empresaria, de muy alto vuelo ella, a quien me referiré únicamente como la arquitecta, con el fin de preservar su identidad del bochorno que vengo a narrar el día de hoy. La arquitecta, muy regia, ocasionalmente me permite acompañarle en sus trámites diarios en calidad de secretaria, ataja cartera, proveedora de comentarios mordaces y cebadora de mate o tereré.

En cada una de estas ocasiones me esfuerzo en verme lo más presentable posible, no vaya a ser que en una de esas andanzas por los círculos de la más alta alcurnia asuncena, me vaya a tropezar con Teresita Codas viendome cual Thalía en María, la del Barrio, arriesgando su desaprobación y avergonzando así a mi distinguida amiga. No me lo perdonaría jamás.

En todo caso, nos encontrábamos esta mañana en una de esas salidas, cuando abandonamos un shopping que se encuentra haciendo remodelaciones. Muy pituca y con mis mejores galas, caminaba yo al lado de mi amiga, e íbamos riéndonos de algo y comentando muy entusiasmadas la actividad del día, cuando al salir del ascensor vemos que la arquitecta había salido un piso antes del subsuelo al que nos dirigíamos. 

Considerando que teníamos que bajar aún un subsuelo más, apretamos el botón, solo para descubrir que los ascensores ya no pararon en nuestro piso. Misterio. Qué hacer? Mi amiga, en cuyas abundantes virtudes no figura la paciencia, me arrastra del codo diciendo "ahí hay un cartel que dice Salida, vamos por las escaleras". Sin ocasión de protestar le seguí, cual cordero rumbo al matadero. Hubiera imaginado que en las películas estas cosas nunca terminan bien.

Frente al cartel de "Salida" había una puerta que daba a las escaleras, que empujamos para encontrarnos en una zona que evidentemente no estaban usando habitualmente, regada de escombros y con un olor a cloaca que marchitaría la nariz del más valiente. Detrás nuestro se cerró la puerta, y procedimos a bajar las escaleras, que con cada escalón se llenaban más y más de escombros, polvo, un líquido de procedencia no identificada, y mi pánico creciente. Y ahí fue que cuando llegamos al piso, en medio de lo que parecería el escenario de una explosión, la arquitecta empuja la puerta de salida, para darse cuenta que..estaba trancada.

Nunca una que reconocería una decisión pobremente tomada, mi amiga revoleó la cartera, pegando saltitos entre los escombros, declarando "estos inútiles trancaron. Vamos de vuelta". Para ese momento un sudor frío comenzó a bajar por mi nuca y el leve pánico de la premonición empezó a tomar control de mi, pero para no quedar como la exagerada, subí detrás dando saltos de bailarina frustrada entre los ladrillos rotos.

Llegamos al lugar donde comenzamos, cuando mi amiga empuja la puerta y...trancada. Estábamos encerradas. Conque así es como iba a llegar mi fin en esta tierra. En las entrañas de un shopping y rodeada de escombros y olor a cloaca. Esto fue demasiado.

Despavorida, claustrofóbica y pasando mi vida delante de mis ojos, sabiendo que la recepción del celular desaparece cuando el techo es de hormigón, estando 20 metros bajo tierra, analizando que no tenía una gota de agua potable conmigo y ni tan siquiera un chicle mentolado para subsistir, me tiré por la puerta, pegando con mis dos puños y gritando a todo pulmón y con toda la fuerza de mi voz: "AUXILIO!!!!!!".

En eso me doy cuenta de que mi amiga está doblada y sacudiéndose. Aterrorizada y pensando que estaba teniendo un colapso nervioso, del miedo, dejo de golpear y le miro. La arquitecta estaba llorando de risa.

Ofendida, me quedé viéndole mientras ella comenzaba a subir otro piso de escaleras, un mar de carcajadas. Yo le seguí, a los gritos, "TODO está trancado, necesitamos que nos rescaten!!!!". Finalmente, llegamos a la nueva puerta y empujamos, hasta que abrió.

Salí a la luz del día tropezando, descreída de tamaña gracia. El mundo tenía otro color. Pero no terminó allí. Volvimos a tomar el ascensor y esta vez llegamos sanas y salvas al vehículo, donde partimos al próximo destino. Así bajamos en un nuevo estacionamiento, donde ví la vidriera de Swarovski, engalanada con su nueva colección de accesorios, y me acerqué a admirar un collar en particular hermoso.

Entusiasmada, llamé a mi amiga a que se acerque también, y embelesada por la joya en particular fui acercando la cabeza a la vidriera, más cerca, más cerca, más cerca...

PUM

Me pegué la cabeza con la vidriera de Swarovski. Yo. Si.

Miré con toda la verguenza, mía y la de las víctimas de su propia torpeza en la humanidad, mientras la vendedora me veía con cara de espanto. Era de esas vendedoras que siempre te hacen sentir que no sos digna de comprarte ni un llavero de la tienda tan elegante que atiende. Era el cúmulo. Decidí fingir demencia.

Me paré lo más derecha posible, con la nariz apuntando al cielo, con el puño para arriba, sosteniendo la cartera en mi codo. Pasé por encima de la arquitecta, que estaba nuevamente doblada, deshecha de risa y entré a la tienda más cercana.

Creo que no seré invitada nuevamente a ser dama de compañía por un buen tiempo. Y creo que mi amiga continúa riéndose, en su casa.



lunes, 30 de mayo de 2016

Gracias a Dios por la mala memoria

Dice don Gabo García Márquez que "La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado". Y pocas veces creo haber encontrado una definición tan exacta para lo que creo que le pasa a mi memoria.

Tengo que confesarles que Dios me bendijo (a veces parece lo opuesto, pero no) con una terrible memoria. Lo curioso de esto, sin embargo, es que aparentemente y luego de muchos años de contemplación, llego a la conclusión de que mi memoria es mala pero de manera selectiva.

Me explico: Hay cosas de las que tengo recuerdos tan vívidos que si cierro los ojos puedo volver a ver tal o cual momento, por muchos años que hayan pasado, pero hay situaciones y circunstancias donde por mucho que me esfuerce solamente me quedo empantanada en los pasillos de mi cabeza, sin poder recordar nada de lo que alguien está rememorando.

Y creo que esta condición mía es una bendición porque viene a ser de extrema utilidad en el matrimonio. Porque de no ser por la mala memoria selectiva, vaya Dios a saber donde estaríamos.

En unos días más el esposo y yo deberíamos cumplir 8 años de casados, saliendo así del séptimo año que según la superstición supone un hastío tal que te hace querer salirte lo antes posible de esta trampa en la que te metiste voluntariamente. Sin embargo, no llegamos a este aniversario sin nuestra cuota de discusiones y encontronazos. 

Reflexionando sobre esto vengo a darme cuenta de que, ni bien tenemos una pelea  yo salgo con el puño levantado a los cielos prometiendo que uno de estos días mando todo al Congo, para 24 hs después pensar que no era tan terrible después de todo, y para días después, tratar de quejarme con mis íntimas amigas y no recordar del todo los detalles de la trifulca que en su momento fue atómica. Pasado un mes no recuerdo el porqué habíamos peleado en un principio.

Por supuesto, la fórmula no es exacta y hay situaciones mucho más extremas que otras. Pero no deja de llamarme la atención. Y no soy indiferente al hecho de que sea mi mala memoria o la de él, ésto muchas veces nos mantuvo en casa cuando una explosión nos quiso hacer correr.

Porque ni siquiera se aplica a las peleas solamente. Me olvido de las cosas que hace que no haría ni bajo electrocución si fuéramos novios. Me olvido de los tropiezos de la rutina y de los hábitos que le salen cuando no sabe que le estoy viendo. Me olvido de las tristezas y me acuerdo más y más brillantemente de las alegrías.

Hey, hasta me olvido de cosas que no tienen nada que ver con mi matrimonio. Me pasa con todo aquello que supone un recuerdo no enteramente grato. Ahora, cuando paso por una circunstancia que me generó mucha angustia o dolor, o tristeza, me quedo tranquila porque sé que es una cuestión de tiempo (normalmente, corto) para que esa situación y las personas involucradas no sean más que una evocación borrosa en el fondo de mi memoria obstinada en preferir retener lo bueno.

No digo que sea perfecto ni mucho menos que se aplique a la gente cuyo matrimonio es una pradera ondeada e impecable por donde los cónyuges corren tomados de la mano, maravillándose en su propia dicha. Digo que es bueno para mi, donde en mis debilidades e imperfecciones, se fortalece algo que es mucho más grande que yo, y que no depende de mi corta visión de las cosas.

martes, 1 de marzo de 2016

De actualizaciones, la vida y un bol de pomelo

Gran porcentaje del contenido de este blog descansa en la figura del esposo, que año tras año ha proveído concienzudamente -y a veces no tanto- a que se sostenga esta colección hilarante de historias que testifican este período de mi vida.

El otro día una muy amable lectora se preguntaba, arrobándome en Twitter: "qué habrá pasado de ña Pao de #casadayviva?". Yo recibí la mención y le respondí, muy agradecida de que alguien recuerde este modesto espacio de escritura: "sigo ambas cosas. Saludos". Y es que esa era la respuesta más fehaciente de la que fui capaz en ese momento. Estoy casada, estoy viva. A veces quizás con la impresión de una cosa más que la otra, pero uno sigue. De eso se trata la vida, sospecho.

En síntesis y para ponerles al día desde el último posteo de setiembre: terminamos el año a tumbos, cerrando un compromiso laboral de mi parte que requirió todas las energías que poseía y quizás hasta un poco de las de quienes más de cerca me rodeaban. El esposo, como siempre, con su trabajo de publicista, lo cual le apasiona y le llena.

Y hablando de llenura, no sólo era la carrera del esposo la llena. También los pantalones, shorts, remeras y camisas comenzaron a verse especialmente rebasados a eso de diciembre pasado, llegando a límites ligeramente alarmantes. El acabóse llegó de boca misma de mi presidente, quien declaró luego de verse en una foto: "estoy muy gordo", con lo que finalmente se procedió al inicio de la "operación desinfle" que se encuentra en pleno apogeo actualmente.

Ahora, toda esposa que se precie sabe que no hay muchas probabilidades de éxito en ningún régimen de alimentación saludable que no incluya a todos los habitantes de un hogar. Es una cuestión matemática. Mientras más división de menúes haya,  existen menos posibilidades de que el que está a dieta permanezca en ella. No tiene nada que ver con machismo, es una realidad que simplemente se da así.

Entonces, si el esposo tiene que comer un bol de pastito con cartón corrugado al lado y yo me siento con una pizza chorreante de queso, la dieta del esposo va durar exactamente el tiempo que le tome tirar su pasito y cartón a la basura y agarrar mi pizza. Se debe presentar un frente unido en pos de alcanzar la victoria. Así que con la frente en alto y las cabelleras al viento (quizás no tantas cabelleras, yo me corté el pelo corto y el esposo es pelado) procedimos a iniciar el plan alimentario con un moderado éxito que ya arrojó el nada despreciable resultado de casi 5 kilos perdidos por mi estimado -y que espero no vuelva a encontrar-.

Para hacer sustentable este estilo de vida, debe haber en todo tiempo todo tipo de alimentos saludables en la heladera, a disposición del susodicho y de mi persona. Por lo mismo, y entre la variedad de fruta y verdura que había, se preparó un bol grande de pomelo en gajos. Todo peladito y sin semillas, listo para comer en porciones en el desayuno o la merienda. Este tipo de preparación lleva tiempo y es tedioso, pero por lo menos te obliga a comer, porque ya no hay que hacer esfuerzo, está todo listo.

Así, muy complacida estaba yo con mis preparativos, que me librarían de dos días de preparar fruta para el desayuno o la merienda, y pensando en mi inicio de mañana con pomelo, viéndome el sábado al amanecer, poniendome la ropa deportiva, desayunando mi fruta con una jubilosa sonrisa en la cara y levitando con la brisa hacia mis ejercicios matutinos cuando entro a la cocina y encuentro el horror:

El inmenso bol de pomelo. Vacío.

Vacío.

Nada de pomelo.

Nada de nada.

Solo un bol sucio para lavar.

La furia de los jinetes del Apocalipsis se apoderó de mi ser y marché al cuarto donde el bello durmiente se desperezaba y le espeté escupiendo espuma por la boca: "VOSTECOMISTETODOELPOMELOQUEPREPARE?!". El individuo supo entender que tocó un nervio no habitual, porque ofreció disculpas de inmediato y restituir el pomelo, yendo a comprar nuevamente la fruta. Yo solamente veía que se movía su boca, más que eso, un sordo silencio de radio. 

No entra en mi cabeza como puede alguien pensar que un bol entero de algo es para su entera consumición. No puedo comprender como uno puede apropiarse completamente de una olla, que por sí evidencia la colectividad del alimento preparado. Pero creo que es la metáfora de la cuestión la que me generó tanta histeria que debí sentarme y escribir estas líneas para compartir mi indignación con quien quiera leer.

El mencionado consorte ha prometido solemnemente no volver a incurrir en un acto de semejante abuso y egoísmo, pero yo me quedé mirando el bol vacío y pensando en la respuesta que le di a la amable lectora, preocupada por mi ausencia en este espacio:

"Casada y viva. Sigo ambas cosas"


Apenas, a veces.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Sabemos amar?

En El amor en los tiempos del cólera, Florentino Ariza se enamora de Fermina Daza cuando ambos son apenas unos chicos. Y si bien queda documentado que Florentino desde el principio ama profunda y rendidamente a Fermina, este amor no llegará a consumarse sino hasta el ocaso de las vidas de ambos (spoiler para el que vive en un termo y nunca leyó el libro, perdón). Entonces uno queda con una sensación de hueco estomacal, pensando en tanto amor desperdiciado, tanta vida regada al paso y la indignidad de la vejez como testigo final de las pasiones de estos personajes tan entrañables.

Y en estos días estuve pensando mucho en esto del amar. Está más que asegurado que todos amamos. Hasta el más vil y despreciable de los seres ama a alguien, a algo o a sí mismo.  El punto está en si SABEMOS amar.

En su éxito de ventas Los 5 lenguajes del amor, Gary Chapman habla de las distintas maneras en que percibimos el amor cuando nos es expresado por la persona cercana. Entre varios otros puntos, Chapman aclara el concepto lógico -expresado tan poéticamente por García Márquez- de que nos podrán querer con la fuerza de mil huracanes, pero si no está expresado en un lenguaje que nos sea familiar o comprensible, no sirve de absolutamente nada.

Me resuena profundamente como fallo a diario en la tarea de expresar mi amor por la gente que me rodea. Me golpea como es que los humanos somos tan egocéntricos que como mucho atinamos solamente a pensar en cómo es que no nos aman como amamos, o como es que tal o cual cosa justo nos pasa a nosotros y otras consideraciones de la injusticia de que el mundo no se mueva sobre nuestro eje. Somos una joyita, los humanos.

Lo que nos salva es un elemento tan poderoso como simple –lo cual hace que sea de difícil asimilación para nosotros que oh, todo lo complicamos-. La gracia. Necesitamos gracia en nuestras vidas. La necesitamos para nosotros y para darla a los que amamos. Necesitamos sacar la vista de nuestros ombligos y empezar a pensar en cómo podemos querer MEJOR a la persona amada.
No basta con amar. Podemos amar hasta el hartazgo, hasta el cansancio, hasta el extremo de la cursilería de angelitos rosados, moños y rococó, que si no lo expresamos como la otra persona lo necesita, no va a ser percibido. No va a servir de mucho más que para cansarnos emocionalmente y preguntarnos como cuernos es que el otro no nos corresponde tanta entrega.

A veces, saber amar es ofrecer un pecho que nos resguarde cuando la vida es simplemente demasiado. Escuchar sin ofrecer soluciones mágicas. A veces es traer de regalo una chipa para el desayuno de a quien le encantan. A veces es una comida caliente que te reciba al llegar. A veces son palabras escritas. A veces es espacio. A veces es no dejar espacios en medio. A veces es empatía.


Espero aprender a saber amar mejor. Mientras tanto, pido perdón por el amor que está allí, pero no es percibido.

miércoles, 24 de junio de 2015

El esposo, viajero

Sin inútiles disculpas y excusas que no excusan mi ausencia por estos lares digitales, procedo a contarles que el esposo siempre tiene los comentarios más hilarantes cuando se encuentra en el (en su caso) extremadamente largo proceso de despertarse y finalmente levantarse de la cama, cada día.

Últimamente, anda teniendo sueños de viajes. Y me pareció terriblemente egoísta quedarme con estos dos recuentos de las últimas ocasiones que escuché sus primeras palabras, todavía dormido, así que para su entretenimiento de mitad de semana, aquí van:

Día 1, comentario de la nada:

- Decime ya nena donde pusiste..

- Donde puse qué? (totalmente despierta)

- Mi pasaporte

- ...... yo no toqué tu pasaporte

- Si, escondiste y ahora no puedo tomar mi vuelo

Y se dió la vuelta y siguió durmiendo. Más tarde, completamente despierto, volvió a elevar falsas acusaciones en mi contra diciendo que le escondí el pasaporte (cual sería la utilidad de algo así, vaya uno a saber)

Día 2:

- Horacio, despertate que ya es tarde

- No puedo, nena, me voy de viaje

- Si? a donde?

- Es un secreto, me voy con mi papá

- No me digas, y yo puedo ir?

- No. Es un viaje de hombres

- Bueno. Traeme un regalo

- Si

Y nuevamente en profundo sueño

Ahora, acabamos de regresar de tomar el viaje más largo de nuestra vida juntos, nos fuimos un mes, y todavía nos estamos pinchando ante tamaña suerte de haber conseguido que se alineen todos los astros para lograrlo. Pero por lo que parece mi estimado consorte continúa en modo travesía. Solo me queda esperar que traiga alfajores.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Dónde comemos?

Desde el inicio de este humilde blog hasta hoy día hubo crecimientos de todo tipo y en todas las áreas de mi vida. Una de las cosas que aprendí de las que el esposo saca rédito, es a cocinar. No es así que soy la heredera de Rodolfo Angenscheidt (*), pero cocino todos los días y me gusta. 

Pero hay cosas que nunca (pero nunca jamás) cambian. Como por ejemplo que el esposo no tiene idea de donde está ninguna cosa y tiene que pegar gritos desaforados preguntando donde están cosas tan cotidianas como su cinto, una raqueta, jabón, analgésicos y así. 

Tampoco ha cambiado mi rutina de dejar ciertas cosas en lugares que irritan al esposo y viceversa, en un círculo vicioso de volvernos locos mutuamente que nada tiene que ver con las mariposas en el estómago del noviazgo.

Y otra de las cosas que no ha cambiado en estos 6 años de convivencia es la indecisión a la hora de salir a comer.

Normalmente y dado mi descubrimiento de la cocina como vía de escape ante el stress diario, comemos en casa. Pero llegado el viernes, queremos salir a probar algo que no haya sido hecho en casa y ahí vamos, cabelleras al viento (la mía, el esposo es pelado, aunque si uno lo mira fijo, puede literalmente ver como le crece el pelo), en busca de cosas ricas para comer. Hasta que llega el momento temido:

"Dónde vamos a comer?"

"No me importa, elegí vos"

"Vamos a X"

"No, no quiero irme ahi"

"Y a X?"

"Siempre nos vamos ahí"

"Y decí vos entonces"

"No sé yo, me da igual, vamos a donde quieras"

Este baile puede durar varios minutos, hasta que, irritados, no llegamos a consenso alguno y terminamos en el lugar de siempre, con pucheros en la cara.

Somos nosotros nomás? Diganme que no. Mientanme y diganme que ustedes están ahí, al mismo tiempo, dando vueltas por la ciudad, queriendo ser espontáneos y terminando en el mismísimo lugar de siempre. 

Si tan solo hubiera un manual para la espontaneidad... 

E'a.

* También conocido como El Chapori.

domingo, 6 de julio de 2014

Si la vida te da limones..

En el patio de mi casa tengo un limonero. Es un árbol viejo, que está ahí desde mucho antes que nosotros, y que creció medio torcido y da la sensación de que está a punto de caerse en cualquier momento.

Se cayó, de hecho. Un día, un tiempo después de que nos mudáramos a vivir en la casa, el árbol comenzó a dar frutos. Muchos limones. Tantos limones que no teníamos idea de qué hacer con ellos, y que dábamos a los amigos y familia que nos visitaba en bolsas rebosantes. Pero aún así el limonero seguía dando enormes limones llenos de jugo y doblando el árbol con su peso.

Hasta que un día, el árbol amaneció caído. No enteramente, pero una parte de el colapsó bajo el peso de tantos limones. Me dio mucha pena, porque estaba segura de que el árbol iba a morir. Y yo no soy particularmente conocida por mis habilidades hortícolas, así que el hecho de que tengamos un limonero vivo y dando fruto bajo mi cuidado era un verdadero milagro. Qué curioso, morir de fructífero, de próspero, de dar tanto fruto, verdad?

Entonces el esposo, machete en mano y aires de leñador, procedió a podar el árbol y quitar las ramas caídas. Decenas de frutas rodaban por el pasto y por el piso, y terminamos ese día llenando diez bolsas de limones gordos y pesados. Dí por contados los días del fiel limonero.

Pero entonces algo pasó. Pasaron algunas semanas y de repente comenzaron a salir flores blancas, chiquitas y fragantes en los muñones del árbol valiente. Y seguro como la luz del día, comenzaron a crecer nuevos frutos. Yo sé que puede sonar exagerado, pero racimos de limones crecían en lugar de uno solo en cada rama.

Esta ocasión tuvimos el doble de limones, al punto que nos malcriamos. Si queríamos limonada, era cuestión de salir al patio y estirar el brazo. Lo mismo para condimentar la comida, para cocinar, para tomar tempranito con agua caliente, para presumir del fruto de nuestra cítrica abundancia. Hasta hoy.

Hoy no hay un limón más. Ni uno solo. Me paré mirando fijo al árbol torcido y viejo que durante todos estos años nos dio hermosos frutos sin pedirnos absolutamente nada y tuve un arranque de agradecimiento y valoración. Difícilmente valoramos la abundancia cuando tenemos, porque nos acostumbramos rápido a la prosperidad. Es como que damos por sentado y por hecho cuando recibimos, y se vuelve tan rápido parte de nuestra vida que nos olvidamos cómo era vivir sin eso.

Y dí gracias por los limones y los momentos felices que nos dio ese modesto árbol. No quiero -dije- vivir dando por sentado la abundancia  que encuentro en las cosas más simples.

Y saben qué? entonces, cuando me di vuelta para entrar a la casa, vi en las ramas de arriba -chiquitas, pero firmes- un montón de florecitas blancas.


lunes, 5 de agosto de 2013

Por una letra

Una de las piedras estructurales de este blog, es el nivel de colgadez del esposo. En repetidas ocasiones hemos demostrado a través de fehacientes pruebas que precisamente la atención no es su fuerte. Y uno diría que con los años se van aprendiendo lecciones que nos permite pulirnos a nosotros mismos y no seguir repitiendo errores que nos valgan malos ratos o en el peor de los casos, papelones públicos. 

Pero si así fuera no tendría hoy una historia con la cual regalarles. Y acá va: el sábado de mañana, repasando todas las cosas que teníamos que hacer ese día el esposo informa que quiere comprarse un buzo de gimnasia, para entrenar. Como no, le digo, y partimos a hacer nuestros quehaceres de fin de semana. Dejamos la visita a la tienda para lo ultimo, y el esposo, en su mas pura expresión, decide ir a tres distintas tiendas, preguntando y fijandose con toda minuciosidad en cada detalle de cada modelo disponible en cada lugar. Salir de compras con el esposo hace que yo me vea como una dulce palomita en el mismo terreno.

Entonces, y cuando finalmente tomo una decisión, arranco el proceso de prueba. Se fue al probador, donde fui convocada repetidas veces para dar mi opinión del conjunto visto desde todos los ángulos posibles. Primero se probo el L, que juzgo le quedaba muy Jay Z, y decidió probarse el M. Nuevamente repetidas llamadas para opiniones diversas. Que si el largo sobre el tobillo, que si la costura, que la campera, que la goma. Finalmente y después de un juzgamiento digno de actas electorales, decidió que llevaría el M. Vamos a la caja, se paga, y nos retiramos.

Asi llegamos de lo mas contentos a casa. Ahora, el esposo tiene un particularidad sobre todo lo que compra: tiene que llegar y probarse de inmediato. Posteriormente tiene que pasear por toda la casa y mostrarme nuevamente lo que ya vi hasta el hartazgo en la tienda. Entonces, yo ya sabia lo que iba a suceder. Entonces estaba yo preparandome para dormir una linda siesta mientras escucho un grito atronador:

"NEEEENAAAAAAAAAAA!!!!!!" 

Corro esperando encontrar al esposo caído, alguna tragedia, no sé, y le encuentro parado en el medio de la sala agarrando el pantalón como si fuera una comadreja que acaba de matar y me informa, por completo indignado: "Me dieron L en vez de M!!!!!!"

"y bueno, habrá que ir a cambiar" le digo. No hay muchas opciones cuando pasa algo así, o uno se conforma o marcha directo de nuevo para corregir el error. 

"vení conmigo" me dice. Ahí va mi anhelo de dormir la siesta un sábado.

Subimos al auto y partimos de vuelta camino a la tienda. Llegamos y decido, no se por que, quedarme a esperar en el auto. Baja el indignado ahorcando la bolsa de compras y marcha adentro. Cinco minutos después vuelve a salir y se mete rapidísimo en el auto.

"que pasó?" pregunto.

"entre y grité que el servicio era una vergüenza y que me dieron L en lugar de M", dijo el esposo, con mirada culpable.

"y que pasó?" pregunto de vuelta, no tan segura de querer saber..

"abrieron la bolsa y me mostraron que era M. Para mi que me dieron L, pero era M. Vamos rápido, nena"


Eso me va a enseñar a mirar yo el tamaño de lo que se trae a la casa. Adiós, siesta. 

viernes, 7 de junio de 2013

ña Pao presenta: un cuento del esposo.

El esposo me hizo llegar su regalo de aniversario, y con su permiso, quise compartir con ustedes. Es un cuento escrito por el...

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Testigos

Que curiosa es la vida, con sus vueltas y etapas.

En estos días me puse a pensar que habría de diferente en mi vida si no estuviera casada. Como sería hoy yo sin el esposo..

Y para serles sincera, tengo que decirles que no vi demasiada diferencia. Las cosas iban a seguir un rumbo muy parecido al que hoy tienen. Probablemente me levantaría de madrugada, como siempre. Iba a ser un poco obsesiva con el orden, como hoy. Iba a dormir temprano, para la burla generalizada. Iba a tener perros, sin duda. Iba a pelear por mis sueños profesionales y seguramente iba a viajar todo lo posible, como hoy en día.

Pero hay detalles. Pequeñisimos detalles que iban a faltar si no me casaba con el esposo. 

Por ejemplo, hay algo particular que hacemos: bailamos como viejitos. A veces ni siquiera hace falta música. El viene y me agarra las dos manos y bailamos como bailan los viejitos hasta que nos tentamos y nos morimos de risa. Una vez su papá nos pilló bailando así y termino bailando con nosotros. Es un recuerdo que atesoro.

Y es que quizás el matrimonio se trate de eso. Pequeños detalles que hacen que nuestra vida sea trascendente. En la peli Shall we dance? el personaje de Susan Sarandon dice lo siguiente:

Necesitamos un testigo de nuestras vidas. Hay un billón de personas en el planeta..si te pones a pensar, qué significa una sola vida? Pero en el matrimonio, estas prometiendo que te va a importar todo. Las cosas buenas, las malas, las terribles, las poco importantes..todo, todo el tiempo, todos los días. Estas diciendo "tu vida no va a ser insignificante, no va a pasar desapercibida porque yo voy a celebrarte, yo voy a ser tu testigo".

El esposo es la única persona que genuinamente me vio por completo como soy. Y no solo en lo literal. Me vio con mis luces y con mis sombras. En mis momentos más brillantes y en aquellos donde no sentí ningún orgullo por mis actitudes. Me vio sana y estuvo a mi lado en mi lecho de enferma. Me vio derrotada y me vio exultante en medio del triunfo. Me vio caer y muchas ocasiones fueron sus brazos los que me levantaron. El es testigo de mi vida.

Si no estuviera el a mi lado, puede ser que mi vida no hubiera sido tan distinta. Pero sería menos plena. Faltarían esos detalles, por chiquitos que parezcan.

Por eso creo y me ratifico, que hoy 5 años atrás, tomé una de las mejores decisiones de mi vida. No es fácil, y porque la persona con la que te casas te ve en todas esas facetas que escribí arriba y tantas otras más, es probable que mantener el velo rosado del romance sea un trabajo que demande el mismo o mayor esfuerzo que uno de oficina. Y pesa más, porque mi carrera no se va a sentar a mi lado, hablando y jugando, o haciéndome bailar chistoso cuando sea viejita. El matrimonio es un trabajo que dura hasta el final de mis días.

Pero creo que vale la pena.

jueves, 23 de mayo de 2013

Cruzar el puente

Llega un momento en la vida en que tenemos que aprender a pasar al próximo nivel. Es complicado y esta no es una apología de la adultez ni pretende ser. Pero la realidad es que uno no puede quedarse en la niñez para siempre.

Cuando somos chicos, con conocidas excepciones, tenemos adultos que cuiden de nosotros. Tenemos la salud protegida, la mesa servida, el sueño guarecido, los derechos garantizados. Gozamos un tiempo en el que tenemos permiso de hacer pataletas cuando no entendemos algo o de clamar con angustia que la vida "es tan injusta" hasta el hartazgo de quienes nos escuchen.

Recuerdo en colores el día que una tía muy querida me pregunto cuando llegaba a su casa para almorzar como me había ido últimamente. Yo suspiré desde lo mas profundo de mi ser y le contesté: "tía, no es fácil ser yo". Tenía diez años. 

Hoy me muero de risa y de vergüenza por la carga absurda de dramatismo de mi expresión, de las cuales tenia muchas y muy semejantes. No tenía idea. Mis papás ni siquiera se habían divorciado cuando eso. No tenía idea.

Por supuesto que llegó la adolescencia y sus momentos traumáticos. Pero todos, absolutamente todos pasamos por esos bochornos e inseguridades de las que solo algunos hacen gala llevando en la solapa. Los adolescentes perfectos, sin mácula, sin conflicto, no existen.

Y finalmente y a tropezones, entramos a este limbo raro de la adultez. Porque no esta muy claro cuando exactamente es que nos graduamos de adultos. Es curioso como en estos años pasamos por celebraciones que requieren togas, birretes, diplomas, vestidos, trajes. En realidad estamos celebrando haber atravesado la parte mas fácil de nuestras vidas. Pero no tenemos idea.

Hoy más que nunca estamos rodeados de hordas de adultos renegados. Eternos niños. Revolucionarios de escritorio que enarbolan su esfuerzo y flamean la bandera del sacrificio cuando simplemente están desempeñando las funciones para las que se les contrata o cumpliendo los roles en los compromisos que adquieren. Ser adulto no significa vivir amargados y ceñidos a la rueda eterna del empeño, pero tampoco significa que podemos perpetuarnos en la niñez y esperar una ovación por hacer lo que simplemente nos corresponde hacer. Y no solamente en el mundo laboral. 

Quejarse porque uno trabaja es triste, usarlo como argumento es lamentable. Erigirse en mártir porque uno se esfuerza para lograr lo que sea que se propone le quita todo sentido de valor. Necesitamos cerrar círculos y aprender a pasar a los próximos niveles. Ser adulto representa saber quien sos, sin necesidad de aplausos que te afiancen, sin inseguridades. Es saber lo que queremos y cómo llegar a eso a sabiendas de que va a costar y que por lo mismo quizás lo valoremos más.


Odiaría que pase el tiempo, raudo, imperdonable como siempre y me encuentre llena de arrugas, con el pelo blanco y aún sin entender cuando debía haberme dispuesto a actuar como una persona plena, madura y hacerme cargo de lo que esté en mi proverbial plato. No es fácil decidirse a cruzar el puente entre la comodidad y el crecimiento, pero después de todo, cuando somos niños todavía no tenemos idea de lo queremos, verdad?

lunes, 15 de abril de 2013

Estoy enamorada de otro


Fue inevitable. La verdad no pensaba que me iba a pasar a mi, pero es una de esas cosas que llegan de la noche a la mañana, que te toman por sorpresa y no te dejan escapar. 

Empezó un día de diciembre, faltando 5 días para Navidad. Era un día esperado, la verdad. Era una de esas jornadas donde te pasas mirando el teléfono porque estas pendiente de una noticia que esperaba con ansias, hasta que la buena nueva llego. Y pocas horas después, lo inesperado, el golpe, el amor a primera vista, que le dicen.

Es muy curioso como catalogan el amor a primera vista. Siempre me pareció que amar a alguien solo con verle, sin saber sus ideas, sus pensamientos, sus posturas sobre los temas que son referenciales para uno era virtualmente imposible. Pero supongo que este tipo de cosas le pasan a alguien como yo para aprender que nunca hay que decir nunca.

Y es que cuando miro a este caballero, veo en sus ojos algo que no vi en ningún otro lado. Veo algo que me hace querer soltar todo lo que me ataja y correr para quedarme a su lado. Quiero hablarle como cuando te sentas al lado de esa persona especial y tomas un tereré y las horas parecen minutos. Quiero contarle las cosas que vi, quiero contarle las cosas que escuche, lo que comí, mis colores favoritos y mis lugares preferidos. Todo quiero mostrarle.

Pero no puedo. No puedo porque cientos de miles de kilómetros nos separan. Nos separan husos horarios diferentes. Y los días pasan raudos y solamente puedo pegarme al teléfono o a la pantalla con cada foto nueva que recibo, con cada video.

El otro día me vio. Le hable. En mi alegría le dije mil veces que le amo, que espero que sepa cuanto le amo. Le infle mis cachetes y le hice caras para que se ría. Y me miró con esos ojos enormes, eternos. Llenos de años que no tiene todavía. Me pregunto que habrá pensado.

Y es que es primera vez que soy tía de sangre. Mi hermano y su esposa Fabi fueron papas del genial Pietro Alessandro. Y estoy rotundamente enamorada del enano. No pasa un día en el que no mire mi chancho de Areguá y no contemple romper, comprar un pasaje y mandarme mudar junto a el, para no perderme estos hermosos primeros meses. Miro sus fotos y me miro al espejo buscando similitudes y cosas que haya sacado de mi. Sufro y soy feliz cuando me cuentan cada cosa nueva que hace, porque se que no estoy ahí para ver, no estoy ahí para bañarle, para cambiar sus pañales, para darle mamaderas. Pero soy feliz porque veo que crece un bebe sano y precioso. Diganme si esa mezcla de emociones no es enamoramiento.

Pietro tiene ojos de sabio. Aún en la panza de su mamá en una de las ecografías decidió mirar directo a la cámara que saca la foto, y ves su imagen en blanco y negro en la panza, con unos ojos grandes como el mar, mirando directamente a vos. Nunca vi algo semejante. Cuando nació  se ratificó esa misma mirada potente, que se fija concienzudamente en todo lo que le llama la atención. El otro día me miró a mi. No les puedo explicar la emoción.

Voy a tener que esperar hasta diciembre para alzarle upa y hablar, hablarhablarhablar hasta que no tenga más nada que decirle, y me quede callada nomas a su lado, dejando que el tiempo pase. Pero para mi por lo menos con Pietro se vuelve innegable realidad eso de que la sangre llama. Me llama mi hermoso sobrino. Ya me voy, mi amor, tía ya va.

Pietro en la panza de su mamá. Nunca vieron un bebe que mire directo a la cámara, verdad? Increíble


Pietro al mes y medio. Es todo un señorcito.




martes, 26 de marzo de 2013

Qué lo que tanto


En Paraguay que, como en toda Latinoamérica, aun luchamos con un fuertemente establecido machismo arraigado desde siglos atrás, existe una notable incapacidad de distinguir la fina linea entre la apreciación hacia la belleza de la mujer y el ultraje verbal.

Dias atrás surgió la iniciativa de una Diputada a fin de establecer una Ley que prevenga los asaltos verbales de los que cualquier mujer es víctima a diario en todo el territorio nacional, y fue de inmediato bautizada por medios como la "Ley antipiropo". Tomada en broma por la gran mayoría (inclusive mujeres!) desde el inicio, la Ley tiene pocas o ninguna posibilidad de ser alguna vez sancionada. Esto me trae hoy al blog, porque creo que esta en orden una breve pero enérgica reflexión al respecto.

Si bien es cierto que nuestra nación es cuna de uno de los mas románticos y tiernos géneros de música que existen, la Guarania, y que hemos visto grandes poetas nacer y regalar versos que canten la hermosura de nuestras mujeres, es innegable que salir a la calle y pasar por una obra en construcción puede representar una experiencia de lo mas traumática también.

Todas las generalizaciones son malas. Pero la realidad es que el abuso y la hostigación verbal existen. Yo personalmente recuerdo con nitidez varias ocasiones donde hombres (tanto en la calle como en el propio Parlamento, una vez) se tomaron libertades que no les concedí y me agredieron con palabras al punto que me sentí sucia sin haber hecho nada. Si, SUCIA. Y no pienso reproducir lo que dijeron porque estoy segura de que las mujeres que lean el post habrán pasado si o si por situaciones similares.

No quiere decir que no aprecie que me hagan halagos o que quiera que se esto se prohiba. Pero dista muchísimo de que un hombre se sienta libre de decirme que quiere lamerme tal parte o darme hasta que no se que cosa suceda. YO no le di esa libertad, y me siento ultrajada. Y al minuto de devolverle una respuesta que le ponga en su lugar, siempre te salen con lo mismo: "qué lo que tantoooo!" "vos seguro que no ligas luego mamita!!" y estupideces semejantes. Mas llamativo y alarmante es que algunas mujeres a veces dicen lo mismo al escuchar este tipo de historias en alguna ronda de terere. 

Si es tanto. TANTISIMO. El abuso sexual tiene cientos de tintes, y este es uno de los que mas abierta y flagrantemente se cometen.

No pretendo que se elimine la presunción de inocencia, como alegan los detractores del proyecto. Pero si me gustaría que sean llevados a ver como sus hijas -o hermanas, madres, novias, o futuras hijas-, cuando caminan libremente por las calles, como tienen el pleno derecho de hacerlo, sean víctimas de hombres que las miren con lascivia y las ataquen con frases dignas de un acosador sexual. A ver si ahí les parece que no es tan grave, que es un piropito, que qué lo que tanto.

miércoles, 20 de marzo de 2013

La Opera y el Papa

Desde que era chico, el esposo manifestó un notable amor por la música. Tanto así que se juntaba con su hermano Huguito e inventaban canciones que cantaban a voz en cuello y ad nauseam todos los días, para gran irritación de sus padres. Llegaron a hacerle una canción a la banana, decía algo así como "quien oh matutino banana
q q q q q quien Oh  matutino banana " y fue en esa época mas o menos donde su mama tomo la sabia determinación de mandarlos a cantar a un coro para que, en sus palabras, "canten cosas que por lo menos tengan sentido".

A lo largo de los años el esposo me nutrió y compartió conmigo mi amor por los musicales, y cuando la Opera de la Uninorte presento el fin de semana pasado la obra de Rossini El barbero de Sevilla, nos anotamos enseguida para ir a ver. Ahora, como ustedes saben, siendo una fanática de la moda, busco cada ocasión posible para sacar mis mejores galas a relucir, entonces; prepare un conjunto y mis más preciados zapatos para el evento y partimos enpitucados al teatro.

Así llegamos y, oh sorpresa, vemos bajar a una pareja que entra delante nuestro al teatro. La tenida de el? nono, en serio, espero que estén sentados para esto: bermudas y zapatillas. ZAPATILLAS. Le faltaba su tereré y completaba su atuendo futbolista en tiempo libre. Me quedé mirando y le dije al esposo, "nah, seguro le va a acompañar a su novia a la entrada y se va". Pero no, el wannabe futbolero y novia entraron al coliseo más emblemático del país y se sentaron, listos para la función, y yo ahi, que por poco y no llevé tocado de plumas. Solo en Paraguay.

Acto seguido, en el Intermedio, había gente que se levantó y salió al lobby, y gente que decidió quedarse. Nosotros nos quedamos conversando, mientras en el palco de al lado había una pareja de señoras que estaba haciendo lo mismo, a un volumen bastante mas alto, tengo que decir. Y aquí un punto importante que todos debemos entender, particularmente los latinos: no porque estés en un intermedio o en un sitio público tenes el derecho de aturdirle a todos con el volumen de tu conversación. A nadie le importa lo que estas conversando. Respetemos el espacio de los demás. Volviendo a nuestras vecinas de palco, una de las señoras saca su teléfono y se pone a mirar, a todo volumen, esperen…

EL PAPAAMERICANO.

Si, ese videito detestable que parodia la conocida canción haciendo honor al nuevo Papa latino (lo de su nacionalidad no toco porque ya esta siendo suficientemente cubierto por medios de su país, por no mencionar al esposo, que ante cualquier situación -lease cualquiera- sale con "eeehh!! que el papa es ARGENTINO!!"). Se puso a ver todo el video, a todo lo que daba su teléfono. No les miento. Todos los que nos quedamos nos dimos la vuelta a mirarle y creo que hasta le daba un placer sádico, porque se sonreía, sabiéndose observada, y miró hasta el último segundo del espanto ese. 

Esto pasó en la Opera, no me quiero imaginar lo que pasa el Veracruz de Villa Elisa. En serio no quiero. 

jueves, 28 de febrero de 2013

Obra en construcción

Mi falta de posts en estas últimas semanas se debió a que estuvimos de construcción en la casa. No vayan a imaginarse grúas, y una feroz obra levantandose, fueron apenas algunas cosas, paredes que se quitaron, revoques renovados, un pisito en el garaje, un solar en el techo y trabajos en el patio. Pero en el nombre de todo lo limpio en el mundo, cuánto polvo! cuánto desorden!

Leí una vez y siempre recuerdo que dicen que atravesar una mudanza es mas estresante que sobrevivir a un incendio. Y siempre comprendí el punto porque quienes se mudaron saben perfectamente el caos aparatoso que representa no saber donde esta ni siquiera una muda limpia de ropa interior, no hablemos de libros y elementos de cocina, en el proceso terrible y cansino de cambiar residencias. Pero hoy quiero hacer mi propio adendum a esto y quiero decir que atravesar una construcción mientras vivís en la zona de obra es más estresante aún. 

Hoy les traigo dos perlitas de los días que pasamos, y procedo a narrar para su entretenimiento:

El primer día de la construcción, el esposo se iba a quedar a cargo de recibir la carga de materiales y organizar todo, porque yo salgo muy temprano. Entonces salí, como todos los días, contenta de saber que el iba a tener todo bajo control. Pasaron dos horas y estaba en pleno trabajo, sin poder atender mi teléfono, cuando este comienza a vibrar como si fuera a convertirse en un Gremlin. Miro de reojo mientras hago la entrevista, imposibilitada de responder y veo mensajes titilando en la pantalla, los mensajes son los que siguen:

esposo: "Nena, me dice el albañil que con el mal tiempo no van a traer los materiales"

esposo: "le llame al de la casa de materiales y me dijo que pueden traer la arena por lo menos. El resto no saben"

le escribo como puedo: "es un camión, pediles que traigan todo igual, no llueve torrencial"

esposo: "donde hacemos que dejen los materiales?"

esposo: "Nena"

esposo: "trajeron la arena"

esposo: "solo la arena"

esposo: "y no esta en bolsa"

esposo: "nenanenanenanena"

esposo: "compraste un camión entero de arena"

esposo: "como para una casa"

esposo: "NENA"

esposo: "no pensaste donde ponerla, donde pongo?"

esposo: "me van a tapar el camino y no voy a poder sacar el auto"

esposo: "listo, me encerraron"

esposo: "no puedo sacar mi auto"

esposo: "no me dijiste que era tanta arena"

esposo: "me voy en taxi"

Si, esto sucedió. En un lapso de 5 minutos. Les prometo que fue mayor la cantidad de mensajes, solo que fueron editados para este texto.

La segunda historia sucedió en los días finales de la construcción. Habíamos comprado un piso para exterior y buscado muchísimo uno que sea antiderrapante, que no peligre caídas al correr encima. Buscamos en toda Asunción, pero el diseño más aceptable que encontramos fue uno que imitaba las veredas de Rio de Janeiro. Obvio que esa vereda solo tiene sentido en Rio, pero en serio el resto de los diseños eran impresentables. En fin. Como ustedes saben, las veredas de Rio son eternas ondas que van a lo largo de las playas y se superponen. Bueno, llego el esposo a casa y me anunció: "de dos chances de hacer algo bien o mal, siempre va a salir mal". Porqué? le pregunte, me saco afuera y me mostró el piso que terminaron de poner ese día. En lugar de ondas, formaron ojos poniendo las curvas unas contra otras. Ojos gigantes. El piso de Gran Hermano, teníamos. Eso nos pasa por vyrochuscos.

Estas semanas representaron uno de los desafíos mas fuertes en nuestro matrimonio. Pueden decir lo que quieran, pero deberían poner en los votos matrimoniales, junto con en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la limpieza y la suciedad de la construcción. Cuán cierto es que llegar a una casa hecha un caos hace que sientas que hay un caos dentro tuyo también. No se como se siente el esposo, pero yo creo que alcanzamos un nuevo nivel de madurez y conocimiento. Y un crecimiento exponencial en la capacidad de paciencia. Tengo como diez canas nuevas.

Y la casa? quedó regia, gracias!

jueves, 7 de febrero de 2013

New York, I love you (parte dos)


La semana pasada compartía con ustedes la primera parte de una modesta guía con todas las cosas que hicimos en nuestro viaje a New York. Estoy absolutamente encantada de saber que tanta gente comparte mi rendido amor por la gran manzana, y hoy les traigo la segunda parte, con mas detalles de lo que pueden hacer y como aprovechar al máximo su tiempo cuando van. Nos quedamos en la pregunta:

5. Central Park, es un parque nomas, qué lo que tanto?

Entren al Parque! paseen por las hermosas calles, por donde Greta Garbo se paseaba! vayan a la fuente Bethesda donde Carrie se cayo cuando se peleaba con Big! paseen bajo los puentes como Cuando Harry conoció a Sally. Vayan al Zoo, a la fuente de los veleritos! vayan a Strawberry Fields y vean el monumento a Lennon, que murió en la vereda frente al Parque enfrente a su edificio, el Dakota. Hay una placa conmemorativa con nombres de todos los países que recuerdan a Lennon, y adivinen que, está Paraguay! El Parque es tan vasto que no van a terminar jamas de caminar, y te aprieta el corazón, porque un pedazo de el entra adentro tuyo a vivir. Todas las veces que fuimos resultaron escasas. Salimos con hambre de mas.

Central Park, entrando a la fuente de los veleritos


6. Hablando de hambre, que comemos?

En la ciudad hay millones, literalmente, de opciones donde comer. En realidad depende por completo del bolsillo y el nivel de aventura que tengan. En las áreas mas "turísticas" entre la 7ma y la 3ra Avenida y las calles 34 y 51  van a encontrar las típicas cadenas de comida rápida, desde McDonalds, Pizza Hut, Sbarro's, Starbucks, Hard Rock Café y tantos mas. Tienen precios normales, pero eso si, lo que van a ver ahí es, si, puros turistas. Cero experiencia genuina de la ciudad. Si tienen ganas de comer la verdadera comida neoyorquina pueden consultar la guía Zagat donde están listados los mejores lugares. Nuestros favoritos fueron:

Patsy's que era el restorán favorito de Frank Sinatra y encontramos sin querer saliendo por el lado Este de Central Park una siesta, pasta riquísima y casera.

El carrito de pancho al salir de los escalones rojos en Times Square (comimos por 16 dólares!), es el único ahí, no se pueden perder.

Big Wong en Chinatown, que merecería un capítulo aparte de tan pintoresco y masivo que es, así que voy a escribir al respecto en un post aparte otro día. Pasen por la esquina que entra hacia la calle mas transitada, y donde Keanu Reeves caminó con Al Pacino en El abogado del diablo. En Big Wong -donde mi hermano y su esposa son habitués- muchas veces van a tener que compartir mesa con otra gente, y al entrar les van a gritar en chino entre varios. No se asusten, pidan lo mas claramente posible un lugar (o para la cantidad de gente que sean) y después vivan la genial experiencia del mozo chino diciéndote lo que vas a ordenar, porque el menu esta en chino y no entenderías nomas luego. Nunca me voy a olvidar.

Big Wong en Chinatown. Atiendan que es muy facil no ver, de tantos restós que hay

Cipriani's (detalles y dirección en la primera parte)

Sardis que fue aparte de una delicia, una experiencia -es el restó donde se originaron las caricaturas de las estrellas que comen ahí enmarcadas en la pared-. Los mozos te atienden como si fueras realeza, y la mitad comes, la mitad te pasas mirando la hermosa gente que come ahi.

Lombardi's en el Little Italy que no solo es la primera pizzería de New York, fundada en 1905 (!), sino una de las pizzas mas ricas que comí en mi vida. El pretzel tan famoso? un espanto, huele a goma quemada, jamás pudimos probar.

en Lombardi's, el esposo con Alex, pizza y momentos memorables
7. Que hay gratuito y si o si debo ver?

No se pierdan la Biblioteca Pública que aparte de sus imponentes salones de lectura, tiene exposiciones permanentes de fotografía y una itinerante en el salón central de exposiciones en la planta baja. Nosotros llegamos a tiempo para ver Lunch Hour, una exposición sobre las costumbres de almuerzo de los neoyorquinos desde el siglo XX, un absoluto placer. El acceso siempre es libre y gratuito, solo se ruega a los visitantes silencio, considerando que es una biblioteca.

Bryant Park, que es donde se hacen las dos ediciones anuales de la Semana de la Moda de New York, ahora durante el invierno hay una pista de patinaje mucho mas linda que la del Rockefeller Center, que para mi ya esta un poco viejita. Hay sillas y mesitas y es un gusto sentarse a mirar a la gente.

Catedral de San Patricio, que actualmente esta en proceso de restauración, es una de las obras arquitectónicas mas impresionantes de la ciudad, entren por el costado y vean por dentro. Después salgan y aprecien la ironía de que en frente mismo, esta la estatua de Atlas, mirando desafiante a la Catedral. Pequeños chistes de los arquitectos que levantaron la ciudad.

Atlas, y delante suyo, la Catedral de Saint Patrick.

Grand Central, la estación principal de la ciudad. Este año cumple 100 años, así que habrá permanentes exposiciones, y de por sí la Estación es tan masiva y hermosa que te dan ganas de tener alas para volar al techo, una maravilla de la arquitectura moderna, con estrellas talladas que parecen brillar desde la mismísima Vía Láctea. Y acá va otro secreto, porque les quiero mucho: cuando entren a Grand Central, vayan a la salida de Vanderbilt Avenue y la calle 42 frente mismo a la entrada del Oyster Bar, donde van a encontrar los Whispering arches, o Arcos del susurro. Si te vas con alguien y cada uno se para en un extremo diagonal de los arcos, opuesto uno del otro y susurran hacia la pared, quien este del otro lado va a escuchar el susurro como si estuviera al lado mismo tuyo. Increíble. De no haber hecho no habría creído.

Los arcos del susurro (lo que le susurré al esposo no les cuento) 
Wall Street, que a estas alturas medio mundo tiene una foto con su emblemático toro, pero tambien alberga arquitectura impresionante. Aparte de eso el edificio de las Naciones Unidas es algo que suele impresionar mucho.

Soho, es el barrio cool de la ciudad. Caminar por sus calles es como mirar el blog de Scott Schuman o las fotos de Bill Cunningham, pero en vivo y en directo. Casi todos los que caminan por aqui son jóvenes, hermosos, con un sentido de la moda impresionante. Es un deleite caminar nomas, sin rumbo, hasta que te canses y entrar a uno de los hermosos cafecitos que hay para recargar fuerzas. También geniales para caminar y apreciar su arquitectura y callecitas de película son el West Village y TriBeCa, donde en su estación de bomberos se filmó Ghostbusters.

El Brooklyn Bridge Park. Cruzando el Puente de Brooklyn, que es una de las paradas obligatorias, no se den la vuelta y regresen a la ciudad. Sigan hasta el final del puente y bajen a Brooklyn, donde tomando por la mano derecha van a llegar al acceso al Parque, que esta abierto hasta después del atardecer. Les ruego que caminen, lleguen hasta los banquitos que miran a la bella ciudad que nunca duerme, sientense así como nosotros hicimos y piensen un ratito en esta que les escribe y les quiere.

hermosa, cautivante New York
* quedo pendiente qué hacer en el continente. Nosotros nos fuimos a Connecticut, via el ferry de Brigdeport, donde visitamos el Campus de Yale y nos recibieron tan bien que estoy en deuda con nuestros anfitriones de por vida. Tambien fuimos a los Hamptons, donde pasamos el día en Montauk y es tan hermoso que merece un post propio que pienso hacer en el futuro. Y por supuesto el Black Friday, donde en serio hay precios que te impresionan y vale la pena aprovechar.

** las fotos de este post son del esposo y mi hermano Alex. Les encuentran en Instagram como horaciusdr y alexisnarvaez





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